La falta de lluvias en un momento determinante para los cultivos de verano comienza a trasladar su impacto más allá del campo y encender señales de alerta en el expendio de combustibles. Desde el interior productivo advierten que una campaña por debajo de lo esperado podría borrar el pico estacional de ventas de gasoil.
Así lo señaló Andrés Jorajuría Herrera, gerente general de Grupo Servicial, a Surtidores, quien explicó que la evolución climática ya condiciona la demanda del sector. Según indicó, todavía existe una ventana de días en la que las precipitaciones podrían rescatar parte del rendimiento, aunque los registros acumulados hasta el momento resultan insuficientes y descartan una campaña comparable con la del año pasado, que fue récord.
El antecedente inmediato refuerza la preocupación. Durante la sequía de 2023, el grupo registró una pérdida superior a 1.5 millones de litros vendidos en apenas quince días de mayo frente al mismo período de 2022. De repetirse un escenario similar, advirtió, el impacto podría ser incluso mayor, debido al crecimiento del área sembrada en los últimos años.
La relación entre cosecha y consumo de gasoil es directa. Una mala zafra no solo reduce el volumen de granos, sino también todo el movimiento asociado: transporte, uso de maquinaria y tareas de recolección. En algunos casos, incluso, productores evalúan destinar cultivos a alimentación animal en lugar de cosecharlos como grano, lo que profundiza la caída de la actividad logística y, por ende, de la demanda de combustible.
“La zafra duplica y en algunas estaciones hasta triplica la venta mensual de gasoil respecto a un mes común. Cuando hay sequía, ese pico desaparece y el mes pasa a ser uno más”, resumió el ejecutivo, subrayando que el efecto se siente de forma inmediata en los ingresos operativos.
CRÉDITO, DESCALCE FINANCIERO Y RIESGO EN LA CADENA DE PAGOS
El problema no se limita al volumen de ventas. Durante los meses de cosecha, las estaciones suelen financiar combustible a los productores con la expectativa de cobro tras la comercialización del grano. Cuando el rendimiento no acompaña, se genera un desfasaje entre los plazos de pago a distribuidoras y la capacidad real de cancelación de los clientes.
En ese contexto, las empresas del sector se ven obligadas a acortar créditos, revisar condiciones comerciales y extremar previsiones financieras para sostener la operatoria sin comprometer su flujo de caja. Sin embargo, la relación histórica con los productores también juega un rol clave: acompañar en años adversos forma parte de la lógica del negocio rural, aun cuando incremente el riesgo.
MENOR ACTIVIDAD FORESTAL Y PRESIÓN ADICIONAL
A la incertidumbre agrícola se suma una desaceleración en el movimiento vinculado a la cadena forestal y a la industria de la celulosa, influida por los precios internacionales. Si bien el impacto es menor en comparación con el agro, estaciones ubicadas en zonas de influencia de Monte del Plata ya perciben una reducción en la circulación de cargas.
UN ACTOR FUERA DE CONTROL
Pese a los ajustes comerciales y financieros, el factor determinante continúa siendo el clima. La posibilidad de lluvias suficientes en los próximos días aparece como la única variable capaz de moderar el impacto económico sobre productores, transportistas y Estaciones de Servicio en Uruguay.
Aun en el escenario más favorable, el sector descuenta que la campaña quedará por debajo del promedio. Si las precipitaciones no llegan a tiempo, la sequía no solo reducirá la producción agrícola, sino que también trasladará sus efectos a toda la cadena de valor del combustible rural, con menores ventas y mayor presión financiera.















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