La habilitación oficial por parte de la Secretaría de Energía del autodespacho generó un entusiasmo inicial y alimentó la expectativa de que los automovilistas adoptaran rápidamente esta nueva forma de cargar combustible. Sin embargo, la realidad está lejos de ese escenario. Según datos de la compañía Raizen, licenciataria de la marca Shell, apenas un 1 por ciento de los conductores utiliza el sistema, lo que confirma que el cambio de hábitos será más lento de lo previsto.
Actualmente, son varias las Estaciones de Servicio habilitadas para operar con autodespacho en distintas provincias –el registro oficial solo consigna siete establecimientos reconocidos formalmente-, la cifra es reducida si se la compara con el total de bocas de expendio. Están localizadas en la provincia de Buenos Aires y Santa Fe, y funcionan bajo estrictos requisitos técnicos: monitoreo constante, personal calificado para supervisión y la implementación de medidas específicas de seguridad exigidas por la normativa.
El Decreto 46/2025, que habilitó la modalidad, implicó un giro importante para el sector. La medida permite que cada estación decida si adopta el sistema de forma total o parcial y apunta a modernizar el servicio, reducir costos operativos y ampliar la oferta, especialmente en horarios de baja actividad. En paralelo, la Secretaría de Energía estableció reglas precisas para la instalación de equipos, auditorías periódicas y el cumplimiento obligatorio de estándares operativos y de seguridad.
Para el Gobierno, el autodespacho ofrece ventajas en múltiples frentes: puede aliviar la congestión y las demoras en horas pico, disminuir costos para las estaciones e, incluso, mejorar la seguridad de los trabajadores nocturnos. Según lo publicado en el Boletín Oficial, también abre la posibilidad de ofrecer servicio las 24 horas con estructuras más económicas, como los tanques sobre superficie, que requieren menos inversión que los enterrados tradicionales.
Pese a este marco favorable, la respuesta del público sigue siendo muy limitada. La baja adopción refleja que la transición hacia el modelo de autoservicio no solo depende de la infraestructura o las regulaciones, sino también de un cambio cultural que aún no se manifiesta de manera significativa.
Especialistas del sector coinciden en que, para que el autodespacho se convierta en una alternativa competitiva, hará falta generar incentivos directos para los usuarios, como ampliar progresivamente la red habilitada y fortalecer la percepción de seguridad del sistema. Además, sostienen que los operadores deberán demostrar una reducción real de costos y evaluar si parte de esos ahorros puede trasladarse al precio final del combustible.
El avance tecnológico es reconocido por los expendedores, pero persisten interrogantes sobre la reorganización de tareas dentro de las Estaciones de Servicio. Algunos referentes plantean que podría haber una redistribución de funciones o una menor necesidad de personal en determinados turnos, aunque otros remarcan que la norma exige siempre una dotación mínima de trabajadores capacitados.
En este contexto, el autodespacho aparece como una innovación con potencial, pero todavía lejos de convertirse en un hábito para la mayoría de los automovilistas argentinos. Su consolidación dependerá de cómo evolucionen la regulación, la infraestructura y, sobre todo, la disposición de los propios usuarios a adoptar un modelo que aún resulta novedoso en el país.














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