Las estafas que enfrentan actualmente las estaciones de servicio ya no pueden analizarse únicamente desde el concepto tradicional de fraude. Así lo advirtió Carlos Zambrano, especialista en transformación digital, quien en diálogo con Surtidores LATAM sostiene que el problema debe entenderse como un fenómeno más complejo, donde confluyen factores humanos, tecnológicos y fallas en los mecanismos de control. Esta combinación, según explica, es la que da lugar a los principales riesgos operativos y financieros del sector.
Uno de los focos más sensibles es el fraude asociado a los medios de pago electrónicos. La clonación de tarjetas, el uso de POS comprometidos y la extracción indebida de datos se convirtieron en prácticas recurrentes. Estas maniobras generan pérdidas económicas directas, pero también derivan en sanciones, reclamos y contracargos que afectan de manera significativa la operatoria diaria de las estaciones.
Más allá del impacto financiero inmediato, Zambrano remarcó que el daño más grave es el deterioro de la credibilidad. Los clientes suelen detectar cargos duplicados, servicios que aparentemente no se concretaron o intentos fallidos de cobro. Aunque para el usuario se trata de una simple falla, en muchos casos ese “error” es aprovechado para capturar información sensible y cometer posteriores estafas.
En este contexto, el rol de las personas resulta clave. El especialista subrayó que los fraudes no se producen solo por vulnerabilidades tecnológicas, sino también por la participación activa o pasiva de operadores que utilizan, o permiten utilizar herramientas comprometidas. La falta de capacitación y de controles internos adecuados termina siendo un eslabón crítico en la cadena delictiva.
Otro frente de riesgo señalado es el uso indebido de las tarjetas de flota, un sistema ampliamente utilizado en el segmento corporativo. En estos casos, las irregularidades suelen darse por la realización de cargos a vehículos no autorizados o por situaciones de colusión entre conductores y operadores. Este tipo de prácticas, advierte Zambrano, genera pérdidas relevantes por el alto volumen de transacciones involucradas.
A diferencia de las ventas al público general, las operaciones con tarjetas de flota funcionan, en la práctica, como ventas a crédito. Esto incrementa el riesgo, ya que el control no es inmediato y depende de la trazabilidad entre el vehículo, el conductor y el consumo registrado. Cuando esa trazabilidad falla, el margen para el fraude se amplía considerablemente.
El resultado suele ser la pérdida de clientes corporativos, uno de los segmentos más valiosos para las estaciones de servicio. Las empresas afectadas por consumos irregulares tienden a cortar el vínculo comercial, generando un impacto que va mucho más allá de una transacción puntual y compromete ingresos sostenidos en el tiempo.
Frente a este escenario, el especialista insistió en la necesidad de abordar el problema de manera integral. “Reforzar los controles, invertir en tecnología segura y profesionalizar los procesos operativos aparecen como pasos indispensables para reducir el riesgo. Sin una estrategia que contemple personas, sistemas y supervisión, las Estaciones de Servicio seguirán expuestas a estafas que amenazan la rentabilidad y la confianza del mercado”, concluyó Zambrano.














0 comentarios