El inicio de 2026 volvió a ubicar a Venezuela en el centro de la escena energética regional tras el anuncio oficial de la llamada primera exportación de gas licuado de petróleo, comunicada como un hito de recuperación industrial. Según fuentes gubernamentales, el buque Chrysopigi Lady habría partido con el cargamento inaugural, aunque sin precisiones sobre volumen, destino, calidad del producto ni condiciones comerciales.
Según expresó a Surtidores Latam, Fabricio Duarte, Director Ejecutivo de la AIGLP, la ausencia de esta información impide determinar si se trata del comienzo de una capacidad exportadora sostenida o simplemente de una operación puntual con fuerte carga simbólica.
El mismo sostuvo que en el negocio del GLP un embarque aislado puede responder a circunstancias coyunturales, acumulaciones temporales, ajustes logísticos o ventas oportunistas, mientras que exportar de forma regular exige producción continua, excedentes estructurales, almacenamiento operativo y logística marítima confiable.
Uno de los principales factores de incertidumbre es la falta de datos públicos verificables. El anuncio oficial no detalló composición del GLP, origen del gas, comprador, frecuencia prevista de envíos ni términos contractuales. Esta opacidad bloquea cualquier evaluación independiente sobre la capacidad productiva y logística real del país y eleva la percepción de riesgo informacional en el mercado regional.
Incluso organizaciones de la sociedad civil venezolana solicitaron la divulgación del contrato de comercialización para conocer condiciones y actores involucrados. Cuando una exportación se presenta como histórica pero carece de parámetros técnicos accesibles, la señal que reciben compradores y operadores es de baja previsibilidad.
En este sentido, la incertidumbre informativa se conecta con una infraestructura que arrastra años de deterioro. La producción de GLP depende de sistemas de refinación y procesamiento de gas que requieren compresión, tratamiento, fraccionamiento, suministro eléctrico estable e instrumentación confiable. Las fallas recurrentes y la pérdida de capacidad operativa reducen la posibilidad de sostener envíos regulares aun cuando un cargamento puntual haya sido concretado.
Las proyecciones de normalización obligan a la cautela. Incluso en un escenario favorable con inversiones y mayor estabilidad operativa, la recuperación de niveles que permitan exportaciones regulares podría demandar entre dos y cuatro años. En contextos más restrictivos, con limitaciones logísticas persistentes y fallas de infraestructura, ese horizonte podría superar los cinco años.
“Mientras otros países consolidan flujos exportadores previsibles, Venezuela aún debe reconstruir su base operativa y la confianza en su información. Ese es el verdadero desafío”, señaló Duarte.
El componente geopolítico profundiza la incertidumbre. Sanciones, volatilidad regulatoria y dificultades para asegurar fletes, seguros y financiamiento encarecen las operaciones y reducen la competitividad del GLP venezolano frente a proveedores consolidados, particularmente Estados Unidos, que hoy domina el suministro regional.















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