Los gobiernos de Colombia y Venezuela dieron un paso importante para restablecer la cooperación energética al acordar una hoja de ruta destinada a reactivar el Gasoducto Antonio Ricaurte, infraestructura clave para el transporte de gas natural entre ambos países. La iniciativa busca fortalecer el abastecimiento energético colombiano y retomar el intercambio de recursos entre las dos naciones.
El acuerdo fue alcanzado tras una reunión entre el Ministerio de Minas y Energía de Colombia, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales y representantes de Petróleos de Venezuela S.A.. En ese encuentro se definió iniciar mesas técnicas para sustituir cinco kilómetros de tubería faltante en el lado colombiano del ducto.
La reposición estará a cargo de PDVSA, que ya dispone del material necesario en la zona fronteriza de Paraguachón. Para avanzar con los trabajos, las autoridades colombianas confirmaron que la licencia ambiental del proyecto continúa vigente, lo que habilita el inicio de las obras bajo las condiciones técnicas aprobadas originalmente.
“El Gobierno tiene la voluntad política de restablecer la cooperación energética con Venezuela y avanzar en soluciones que fortalezcan el abastecimiento de gas para el país”, afirmó el ministro de Minas y Energía, Edwin Palma. El funcionario indicó que la reposición del tramo permitirá retomar el transporte de gas desde territorio venezolano hacia Colombia.
Por su parte, la ministra encargada de Ambiente y directora de la ANLA, Irene Vélez Torres, explicó que el reemplazo de la tubería podría tramitarse como un ajuste menor siempre que se respete el trazado original. En ese caso, las condiciones ambientales previamente aprobadas se mantendrían sin cambios.
El gasoducto fue inaugurado en 2007 y se extiende a lo largo de 225 kilómetros entre ambos países. En su etapa inicial permitía enviar gas desde La Guajira colombiana hasta el Lago de Maracaibo, en Venezuela. Sin embargo, el sistema dejó de operar en 2019 antes de que se concretara la segunda fase del proyecto, que contemplaba el flujo inverso del recurso.
Con una capacidad de transporte cercana a 500 millones de pies cúbicos diarios, la infraestructura fue financiada por Venezuela con una inversión aproximada de 230 millones de dólares. Su puesta en marcha nuevamente podría convertirse en un apoyo relevante para cubrir la demanda creciente de gas natural en Colombia.
Para el sector energético latinoamericano, la eventual reactivación del ducto también representa una señal de mayor cooperación regional. La recuperación de esta conexión abre la puerta a nuevas oportunidades de intercambio de gas natural, un recurso que continúa siendo clave para la generación eléctrica, la industria y el desarrollo de mercados energéticos en América Latina.


















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