*Por Francisco Alvarado Manrique
Esta Semana Santa llega en un contexto particular. Las recientes interrupciones en el ducto de gas natural generaron efectos visibles en el mercado: escasez puntual, largas colas en estaciones de servicio y un alza sostenida en los precios que impactó tanto a consumidores como a operadores. Si bien la situación se ha ido normalizando, en el caso del GLP aún persisten algunas restricciones en el abastecimiento, mientras que los gasoholes continúan reflejando incrementos en sus valores. Así, el sector enfrenta uno de los momentos de mayor demanda del año con un mercado que todavía se está reacomodando.
A pesar de ello, el feriado largo de Semana Santa sigue siendo una gran oportunidad. Miles de familias se movilizan por carretera hacia distintos destinos del país —playa, sierra o selva— generando un flujo constante de vehículos donde la estación de servicio se convierte en una parada obligatoria. Ese contacto, bien gestionado, puede trascender la simple carga de combustible y transformarse en una experiencia significativa para el cliente.
Las cadenas más experimentadas entienden que el consumidor de estas fechas no responde a la lógica cotidiana. Es un cliente con otra disposición emocional: viaja con familia o amigos, está enfocado en disfrutar y es más receptivo a propuestas que acompañen ese momento. Por eso, muchas estaciones diseñan estrategias que combinan abastecimiento con promociones en tienda de conveniencia, servicios adicionales como revisión de llantas o descuentos en productos para el viaje. La meta es clara: posicionarse como el punto de partida de la experiencia.
En ese sentido, las tiendas de conveniencia adquieren un rol central. La predisposición al consumo aumenta y el ticket promedio puede crecer considerablemente si la oferta está bien pensada. Snacks, bebidas, café de calidad y opciones de desayuno dejan de ser complementos para convertirse en protagonistas. En los últimos años, la evolución de estas propuestas ha elevado el estándar, alejándose de la idea tradicional del “café de grifo” para dar paso a experiencias más cercanas al retail moderno.
Sin embargo, detrás de toda propuesta comercial hay un factor clave: la operación. La gestión eficiente durante estos días es determinante. Las largas colas no solo afectan la logística, sino también la percepción de marca. Por ello, las estaciones que mejor desempeño logran son aquellas que refuerzan turnos, optimizan la atención y trabajan en protocolos que agilicen el flujo de vehículos, garantizando una experiencia fluida incluso en horas pico.
A esto se suma la importancia de la planificación en abastecimiento. En un año donde el GLP ha presentado ciertas restricciones, la coordinación con proveedores y la gestión de inventarios se vuelven elementos críticos para no perder ventas ni deteriorar la confianza del cliente.
El entorno actual también exige una comunicación clara y coherente. Los consumidores llegan con mayor nivel de información y sensibilidad frente a los precios, por lo que la transparencia y el servicio cobran un valor aún más relevante. Aquellas estaciones que logren equilibrar disponibilidad, eficiencia y propuesta de valor estarán en mejor posición para capitalizar este momento.
Finalmente, esta mirada recoge tres perspectivas: la del ejecutor que ha trabajado campañas en temporadas de alta demanda, la del consumidor que inicia un viaje y espera una experiencia a la altura, y la del docente que analiza cómo las estrategias se traducen en resultados concretos. Semana Santa no es solo un pico de ventas; es una oportunidad para construir vínculos duraderos con el cliente.
*Francisco Alvarado Manrique es especialista en marketing y estrategia comercial, con más de 20 años de experiencia en dirección comercial. Actualmente se desempeña como docente universitario y consultor.





