La reducción del precio de la gasolina corriente anunciada entre febrero y marzo generó la percepción de un alivio inmediato para los consumidores. Sin embargo, detrás de esta baja cercana a los $1.000 por galón, se esconde una dinámica mucho más compleja que impacta directamente en la operación diaria de las estaciones de servicio.
Según los datos relevados por el análisis de la Revista EDS Premium N°53 reveló que la reducción cercana a $1.000 por galón no se traduce de forma directa en el surtidor y expone nuevas complejidades operativas para las Estaciones de Servicio, el precio promedio pasó de $16.365 a $15.377 por galón, lo que representa una caída de $988. En paralelo, el ACPM prácticamente no registró variaciones, al moverse de $11.210 a $11.225 por galón. Aun así, estos valores promedio no reflejan necesariamente la realidad que enfrenta cada estación en su mercado local.
Esto se debe a que la operación de una estación no se rige por promedios nacionales, sino por condiciones específicas como la competencia en la zona, la estructura de costos y la capacidad de sostener márgenes. En este contexto, el efecto real de la reducción depende de cómo cada mercado absorbe los cambios.
Cabe recordar que en Colombia los combustibles funcionan bajo un esquema de libertad regulada y vigilada. Esto implica que el Gobierno fija la estructura y establece precios máximos, pero no determina un valor único para todas las ciudades. Por eso, en zonas con alta competencia, muchas estaciones ya vendían por debajo del promedio antes de la reducción.
En esos casos, las disminuciones anunciadas en febrero y marzo no se reflejan necesariamente como un descuento idéntico en el surtidor. Dos estaciones pueden cumplir la normativa y mostrar precios distintos sin que exista irregularidad, sino como resultado de la competencia dentro del marco legal.
A este escenario se suman los ajustes simultáneos que se dieron en febrero. Mientras el ingreso al productor de la gasolina corriente bajó, otros componentes como el margen minorista y algunos impuestos aumentaron por efecto de la inflación. Así, el precio final efectivamente desciende, pero no de forma lineal.
Otro aspecto clave es la señal que envía la gasolina extra, cuyo ingreso al productor quedó por debajo del de la corriente, rompiendo una referencia histórica. Esta situación obliga a las estaciones a revisar su estrategia comercial y los diferenciales de precios, en un contexto donde las decisiones ya no pueden basarse únicamente en patrones tradicionales.
Además, el impacto de la baja no es inmediato debido al manejo de inventarios. El combustible que se vende tras el anuncio fue comprado a precios anteriores, por lo que la reducción se refleja a medida que ese stock se renueva. A esto se suma el marco legal, que permite hasta dos días para ajustar los precios tras su publicación oficial.
Finalmente, la implementación de un esquema diferencial para el ACPM en vehículos particulares introduce una nueva capa de complejidad operativa. La necesidad de diferenciar tratamientos dentro de un mismo producto y comunicar correctamente los precios al consumidor plantea desafíos adicionales para las estaciones, en un contexto donde comprender el sistema completo resulta importante para evitar interpretaciones erróneas.
Revista EDS Premium es una publicación de FECEC
puede descarga completa haciendo clic aquí Revista Premium Edición Nº53



















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