Brasil vuelve a posicionarse como líder en la transición energética en América Latina, esta vez con un enfoque integral en la movilidad sostenible. Según lo compartido por el consultor en Transición Energética Integral, Julio César Giraldo Ruíz a Surtidores LATAM el país logró consolidar una estrategia diversificada que hoy incluye biocombustibles, gas natural vehicular, electromovilidad y, más recientemente, hidrógeno. Se trata de una trayectoria que se remonta a los años 70, cuando impulsó el uso del etanol como combustible alternativo.
El desarrollo del sistema “fuel flex”, ampliamente adoptado en el mercado brasileño, marcó un antes y un después en la industria automotriz. Esta tecnología permitió a millones de vehículos operar con mezclas de gasolina y etanol, respaldada por una extensa red de estaciones de servicio que ofrecen E-85, consolidando a Brasil como el mayor consumidor mundial de alcohol carburante.
Sin embargo, la evolución energética no se detuvo allí. En los últimos años, el país ha incorporado nuevas alternativas para el transporte pesado, como el biometano y los vehículos eléctricos de carga, mientras mantiene una sólida infraestructura para el gas natural vehicular. Este enfoque diversificado evidencia una política sostenida orientada a reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
En ese contexto, la ciudad de Brasilia emerge como un laboratorio de innovación. Desde marzo de 2026, la capital brasileña implementó el primer sistema de transporte turístico, cívico y gratuito impulsado por hidrógeno en América Latina, una experiencia que el ingeniero Julio César Giraldo Ruíz compartió con Surtidores LATAM como ejemplo regional.
El proyecto es resultado de una alianza entre Neoenergía —filial del grupo Iberdrola—, TEVX Motors Group y el gobierno del Distrito Federal. Su objetivo es integrar tecnologías limpias con turismo sostenible, en línea con los compromisos asumidos por Brasil en el Acuerdo de París para la reducción de gases de efecto invernadero.
El sistema opera con un autobús a celdas de combustible con capacidad para 71 pasajeros, autonomía cercana a los 400 kilómetros y un tiempo de recarga de apenas 15 minutos. El hidrógeno, producido mediante electrólisis con energía solar, se suministra a alta presión desde una estación ubicada en Taguatinga, consolidando un modelo de producción y consumo energético limpio.
Además del impacto ambiental, el proyecto incorpora un componente educativo. El recorrido turístico, que atraviesa los principales íconos arquitectónicos de Brasilia, permite a los usuarios conocer de primera mano el funcionamiento del hidrógeno como vector energético, promoviendo una mayor conciencia sobre la transición energética.
La iniciativa se complementa con planes industriales de mayor escala, incluyendo la posible construcción de una planta de ensamblaje de autobuses a hidrógeno y eléctricos en el noreste del país. Este impulso está respaldado por el programa de Investigación, Desarrollo e Innovación de la Agencia Nacional de Energía Eléctrica, que exige inversiones en tecnologías sostenibles.
Para conocer en detalle el análisis completo de esta iniciativa y su impacto en la región, se puede acceder al trabajo íntegro elaborado por el Ing. Julio César Giraldo Ruíz a través del siguiente enlace


















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