La calidad de los combustibles depende de mucho más que el proceso de refinación. La formulación, la incorporación de aditivos, los controles técnicos y la trazabilidad a lo largo de toda la cadena son factores que inciden en el producto que finalmente recibe el consumidor. Bajo esa premisa, la Revista EDS Premium N.º 54 dedica un amplio análisis a este tema, elaborado por el economista Julián David Cabeza Argote.
El especialista sostiene que los aditivos cumplen funciones específicas para preservar la estabilidad del combustible, mantener limpios componentes del motor, reducir la formación de depósitos y proteger los sistemas de inyección. Aunque suelen pasar desapercibidos para el usuario, forman parte de la evolución técnica que acompaña a motores cada vez más exigentes y a estándares ambientales más estrictos.
El informe explica que la aplicación de estos compuestos no es igual para todos los combustibles. En las gasolinas, la atención se concentra en aspectos como la limpieza del sistema de combustión, la estabilidad y, en algunos casos, la diferenciación comercial del producto. En el ACPM, en cambio, cobran importancia parámetros como el número de cetano, la lubricidad, la protección contra la corrosión y el control de espuma durante el despacho.
Cabeza Argote remarca que la calidad del combustible debe preservarse desde la planta de abastecimiento hasta la Estación de Servicio. Una formulación inadecuada, una dosificación incorrecta o una pérdida de calidad durante el almacenamiento y el transporte pueden afectar el desempeño del producto y derivar en reclamos que terminan recayendo sobre el punto de venta.
En ese contexto, el especialista considera que los distribuidores minoristas cumplen un papel relevante, aun cuando no intervengan en la incorporación de los aditivos. Al ser el contacto directo con el consumidor, las Estaciones de Servicio necesitan comprender las características del combustible que comercializan para responder consultas, transmitir confianza y diferenciar entre atributos técnicos obligatorios y estrategias comerciales.
Otro de los ejes del análisis es la regulación colombiana sobre aditivos. La publicación recuerda que el país exige desde hace años la incorporación de detergentes-dispersantes en la gasolina y repasa la evolución normativa hasta llegar al proyecto de resolución presentado por el Ministerio de Minas y Energía para actualizar los criterios de aprobación, evaluación y seguimiento de aditivos y bioaditivos.
Según explica el economista, la iniciativa busca fortalecer la trazabilidad del combustible mediante pruebas técnicas reconocidas, mayores controles sobre los sistemas de dosificación y registros que permitan verificar la cantidad de aditivo incorporada. Además, incorpora la figura del bioaditivo detergente-dispersante, aunque advierte que todavía requiere una definición técnica más precisa sobre su composición y evaluación.
El trabajo también subraya la importancia de no confundir tres conceptos diferentes: la calidad mínima exigida por la regulación, el valor agregado que pueden ofrecer los combustibles diferenciados y el régimen de precios vigente. Para Cabeza Argote, la presencia de aditivos no modifica por sí sola las condiciones económicas de los combustibles sometidos a regulación, por lo que cualquier diferenciación comercial debe estar debidamente respaldada.
Como conclusión, el análisis sostiene que una mayor claridad regulatoria permitirá fortalecer la confianza de toda la cadena de distribución, mejorar la información disponible para las Estaciones de Servicio y ofrecer mayor transparencia a los consumidores. En ese sentido, el autor afirma que comprender el rol de los aditivos ya no es una cuestión exclusivamente técnica, sino un elemento estratégico para la comercialización de combustibles.
La edición completa puede descargarse haciendo clic aquí: Revista Premium Edición Nº 54.





