La venta de los activos de Shell en la Argentina por parte de Raízen se convirtió en uno de los movimientos más relevantes del sector de combustibles de los últimos años. La operación, que incluye la refinería de Dock Sud, una red de más de 850 Estaciones de Servicio y activos logísticos y de lubricantes, no responde a un deterioro específico del negocio local, sino a una decisión de carácter financiero tomada a escala global. “La decisión no está explicada por el desempeño del negocio argentino, sino por una necesidad financiera global que obliga a monetizar activos aun cuando operan razonablemente bien”, señala Nicolás Taiariol, consultor senior en Oil & Gas y exdirector Nacional de Energía.
El grupo atraviesa una situación delicada en su balance, con una deuda neta que supera los 50.000 millones de reales y rebajas recientes en su calificación crediticia. A ese escenario se sumaron malos resultados en su negocio agroindustrial en Brasil, con caídas significativas en la molienda de caña de azúcar y en la producción de etanol, que profundizaron las pérdidas trimestrales. En ese contexto, la venta de los activos argentinos aparece como una vía rápida para generar liquidez. “Estamos frente a una retirada defensiva, acelerada por la urgencia de recomponer balance y frenar el deterioro crediticio del grupo”, resume Taiariol.
El dato que destaca el análisis es que el negocio de Shell en la Argentina no fue el detonante de la salida. Por el contrario, mostró crecimiento en los volúmenes comercializados, lo que refuerza la idea de que se trata de una decisión corporativa que excede al mercado local. Sin embargo, el proceso de venta se desarrolla con plazos ajustados, lo que puede influir en las condiciones finales de la operación y en el perfil de los compradores.
Entre los interesados aparecen grandes traders internacionales. Para Taiariol, este mapa no es casual: “El interés refleja que el apetito por riesgo argentino existe, pero está concentrado en actores con experiencia en operar en contextos complejos”. A su vez, la necesidad de cerrar la transacción en el corto plazo puede jugar a favor de quienes cuenten con espalda financiera inmediata. “La urgencia de Raízen por cerrar la operación puede inclinar la balanza a favor de compradores con capacidad financiera inmediata”, advierte.
Más allá del cambio de manos, la operación vuelve a poner en foco las limitaciones estructurales del downstream local. Se trata de un mercado maduro, con sobreoferta de Estaciones de Servicio, capacidad de refinación ociosa y una rentabilidad condicionada por controles de precios y márgenes regulados. “El mercado minorista de combustibles en la Argentina es un negocio con escaso margen para absorber nuevos grandes competidores”, afirma Taiariol. En esa línea, aclara que la operación no modifica las reglas de fondo: “La salida libera participación de mercado, pero no altera los fundamentos económicos ni regulatorios que hoy condicionan la rentabilidad del sector”.
El análisis también pone en duda la posibilidad de que la venta derive en una expansión genuina del negocio. “Un nuevo jugador no entra construyendo desde cero: solo puede hacerlo comprando una red existente y aceptando las mismas restricciones que el resto”, explica el consultor. Incluso en un escenario de mayor concentración, no se esperan cambios significativos en la dinámica competitiva ni en los precios al público, que seguirán sujetos a la regulación vigente.
En paralelo a esta retirada, el sector observa con atención la evaluación que realiza Chevron sobre una eventual expansión de sus operaciones en la Argentina. A diferencia del caso de Raízen, se trata de una lógica completamente distinta, centrada en el desarrollo de recursos no convencionales en Vaca Muerta y en proyectos de exportación de gas natural licuado. “El eventual interés de Chevron responde a una lógica completamente distinta, asociada al desarrollo de recursos no convencionales y a proyectos de exportación de largo plazo”, sostiene Taiariol.
La coincidencia temporal entre ambos movimientos no implica una relación directa, pero sí expone la dualidad del negocio energético local. “No se trata de dos caras de la misma moneda, sino de movimientos en tableros distintos: uno defensivo en el downstream y otro estratégico en el upstream”, explica Taiarol. “Vaca Muerta empieza a encajar en el portafolio global por costos y escala, pero la decisión final depende de la estabilidad macroeconómica”, aclara.
Hacia adelante, el escenario más probable combina la concreción de la venta de los activos de Shell en el corto plazo con un proceso de transición de marca y una eventual reconfiguración parcial de la red. En un horizonte más largo, la atención estará puesta en si las grandes petroleras definen inversiones de escala en el upstream. Para Taiariol, la lectura de fondo es clara: “La Argentina energética muestra hoy una bifurcación entre un negocio de venta al público estancado y de alto riesgo regulatorio, y un segmento productivo que todavía genera expectativa, pero exige reglas de juego estables para convertirse en inversión real”.















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