El panorama energético de Colombia atraviesa una transformación profunda, y el Gas Licuado de Petróleo se posiciona como un actor protagónico en este nuevo escenario. Durante el año 2025, este combustible reafirmó su importancia no solo como un servicio público esencial que llega al 98% de los municipios del país, sino como una solución inmediata y confiable para los sectores productivos que enfrentan retos de abastecimiento con otros energéticos.
De acuerdo con el más reciente análisis de la Asociación Colombiana del GLP (GASNOVA), el consumo de este energético mantuvo una trayectoria ascendente sostenida. Entre 2018 y 2025, el consumo promedio pasó de 51 a 68 millones de kilogramos por mes, lo que representa un crecimiento anual del 4,1% durante dicho periodo. Sin embargo, el salto más significativo se registró entre 2024 y 2025, con un incremento del 7,6% en las ventas totales, impulsado principalmente por el dinamismo de los sectores industrial y comercial.
Este fenómeno responde, en gran medida, a la menor disponibilidad de gas natural que el país experimentó desde finales de 2023. La industria colombiana tuvo que sustituir cerca de 38 GBTUD (Giga Unidades Térmicas Británicas por Día), y el GLP ha capturado el 50% de esa migración energética, superando a otras alternativas como el carbón, el bagazo y el fuel oil.
A nivel demográfico, el impacto del GLP es masivo: aproximadamente 12 millones de personas, equivalentes a 3,7 millones de hogares, dependen de este combustible para sus necesidades diarias. Aunque el sector residencial sigue siendo el mayor consumidor, concentrando el 60% de la demanda nacional en 2025, su participación relativa disminuyó frente al avance de los sectores industriales y comerciales, que hoy representan el 40% del consumo total. Geográficamente, el consumo se concentra con mayor fuerza en los departamentos de Antioquia, Cundinamarca, Valle del Cauca, Nariño y Santander, además de Bogotá.
Uno de los cambios más estructurales que revela el informe es la mutación en la fuente de la oferta. Históricamente, Ecopetrol abastecía cerca del 82% del mercado nacional. No obstante, debido a la declinación natural de campos maduros como Cusiana y Cupiagua —que proyectan reducciones drásticas en su producción para el periodo 2026-2029—, la participación de la estatal petrolera cayó al 53% en 2025.
Para compensar esta caída en la producción local, las importaciones escalaron de forma acelerada, pasando de representar apenas el 3% de la oferta en 2021 al 39% en 2025. Las proyecciones indican que esta tendencia se profundizará: en un escenario de crecimiento de demanda del 5%, el país tendría que importar el 51% de su consumo en 2027 y hasta el 65% para el año 2030.
Lejos de ser una crisis imprevista, el sector del GLP se anticipó a esta realidad hace una década. Las empresas distribuidoras han ejecutado inversiones oportunas en infraestructura portuaria para garantizar el abastecimiento futuro. Hitos recientes incluyen la puesta en operación de las instalaciones en Okianus (Cartagena) y su posterior ampliación a finales de 2025, que incrementó su capacidad de 20.900 a 30.900 toneladas mensuales. A esto se suma el anuncio del proyecto en Puerto Bahía, que entrará en operación progresiva desde 2026, asegurando que el país cuente con la logística necesaria para recibir el combustible del mercado internacional.
En el ámbito global, el GLP también ganó reconocimiento como una pieza fundamental para la transición energética. Durante la Cumbre del G20 en 2025, se incorporó explícitamente a este combustible en la agenda global, reconociéndolo como una energía limpia, asequible y esencial para la «cocción limpia».
En Colombia, la normativa vigente ya lo define como un combustible de bajas emisiones, lo que le permite jugar un rol clave no solo en hogares e industrias, sino también en la generación eléctrica y como respaldo para fuentes de energía renovable.
En ese sentido, el futuro del GLP en la canasta energética colombiana parece garantizado por su versatilidad y la robustez de su cadena de suministro. Al ser un combustible que llega a los rincones más apartados del territorio nacional y que ofrece una respuesta rápida a las contingencias de otros energéticos, se consolida como el eje de la confiabilidad energética para la próxima década.
La apuesta del sector privado por la infraestructura y la estabilidad que muestran las proyecciones internacionales de suministro sugieren que el GLP seguirá siendo la solución limpia y eficiente que millones de colombianos e industriales necesitan.
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