En un contexto global que vuelve a colocar a los hidrocarburos en el centro del debate, México aparece parado en una encrucijada. Lejos de una transición energética consolidada, el país enfrenta serias dificultades para garantizar seguridad de suministro, mientras la demanda mundial de petróleo y gas, seguirá creciendo por al menos dos décadas más.
Así lo analizó el especialista Ramses Pech, quien expresó a Surtidores Latam que “el mundo no está abandonando los combustibles fósiles; los está utilizando estratégicamente para financiar el futuro”. Según el analista, México se quedó atrapado en una narrativa que no coincide con la evolución real del mercado internacional, donde las economías líderes invierten simultáneamente en petróleo, gas y tecnologías de largo plazo como la fusión nuclear.
Hoy México depende del exterior para más del 60% de la energía que consume. Esta vulnerabilidad compromete al país en un escenario global volátil, donde la seguridad energética pasó a ser prioridad para gobiernos y corporaciones. A diferencia de Estados Unidos, China y Europa, México no desarrolló la infraestructura necesaria para transformar sus energías primarias en electricidad, combustibles o insumos petroquímicos con eficiencia.
“Sin capacidad de transmisión eléctrica, almacenamiento y logística, no puede haber cambio real”, sostuvo Pech. Aunque la generación eléctrica podría expandirse con nuevas plantas estatales, el cuello de botella sigue siendo el mismo: mover esa energía hacia donde se necesita.
La Agencia Internacional de Energía modificó recientemente una de sus previsiones más citadas: ya no estima que la demanda de petróleo alcance su pico en 2030, sino que podría seguir aumentando hasta 2050, impulsada por la industria, la demanda residencial y el crecimiento explosivo de centros de datos e inteligencia artificial.
“Los combustibles fósiles no solo seguirán existiendo: serán imprescindibles para sostener el desarrollo tecnológico de las próximas décadas”, sostuvo Pech. Muchas de las grandes empresas de IA ya vinculan sus centros de datos a plantas de gas natural o nucleares, en busca de energía estable y continua.
Aunque la narrativa oficial insiste en la diversificación, el presupuesto federal de 2026 proyecta que los ingresos petroleros representarán el 14% del total nacional. Esto confirmó, que la economía mexicana todavía descansa sobre la base de los hidrocarburos, y que el país debería ser más estratégico en su aprovechamiento. “México necesita mantener una meta de producción de 1.8 millones de barriles diarios. Lo contrario es entregar competitividad a otros países”, relató.














0 comentarios