La iluminación en las estaciones de servicio atraviesa un cambio silencioso pero profundo. Lo que durante años fue considerado un componente secundario —asociado casi exclusivamente al costo o a la potencia de los artefactos— hoy comienza a posicionarse como una variable estratégica capaz de incidir en la rentabilidad, la seguridad y la experiencia del cliente.
Así lo sostiene Ignacio Burak, titular de Luctron, una empresa argentina especializada en soluciones de iluminación profesional que desde 2012 trabaja en el diseño, desarrollo e implementación de sistemas técnicos, con fuerte presencia en el segmento de expendio de combustibles.
“Luctron nace en 2012 como una empresa dedicada a la iluminación técnica, en un momento en que la tecnología LED comenzaba a expandirse en Argentina. Antes se utilizaba principalmente en cartelería, pero a medida que ganó potencia vimos una oportunidad clara para aplicarla en iluminación general”, explica Burak.
Desde entonces, la firma consolidó su actividad en diversos sectores —industria, oficinas, espacios deportivos— aunque encontró en las estaciones de servicio uno de sus principales campos de desarrollo. Allí, trabaja tanto con grandes operadores como con redes independientes, ofreciendo un servicio integral que abarca desde el estudio lumínico hasta la provisión de equipos y el acompañamiento técnico.
De gasto operativo a inversión estratégica
Uno de los ejes centrales que plantea Burak es la necesidad de cambiar la lógica con la que históricamente se abordó la iluminación. “Una estación bien iluminada mejora la seguridad, reduce riesgos de accidentes, optimiza los tiempos de atención y transmite una imagen de orden y confianza al cliente”, afirma.
En ese sentido, sostiene que la iluminación debe integrarse al modelo de negocio de la estación de servicio, al mismo nivel que otros componentes esenciales como los surtidores o la infraestructura. “Cuando se la analiza de forma aislada, solo en términos de precio o potencia, se pierde de vista su impacto en la operación. En cambio, cuando se la incorpora de manera estratégica, se convierte en una inversión que se amortiza sola”, remarca.
Este enfoque se apoya, además, en el avance de la tecnología LED, que permite reducciones significativas en el consumo energético —entre un 60% y un 80% respecto a sistemas tradicionales— y una vida útil considerablemente mayor. “Una luminaria LED de calidad puede durar entre cinco y diez veces más, lo que reduce drásticamente los costos de mantenimiento”, agrega.
El impacto no es menor en un entorno donde cada intervención técnica puede implicar la interrupción parcial de la operación. “Cambiar luminarias en una estación puede requerir cerrar una isla durante horas, y eso es dinero. Por eso, la durabilidad es un factor clave”, subraya.
Otro aspecto fundamental es el estudio lumínico previo, una herramienta que permite adaptar cada proyecto a las características específicas de la estación. “No hay dos estaciones iguales. Varían las alturas de los aleros, la disposición de los surtidores, el flujo de vehículos, la presencia de camiones. Todo eso influye en cómo se debe iluminar”, detalla.
A través de estos estudios, se analizan variables como niveles de iluminación, uniformidad, deslumbramiento y eficiencia. Esto permite determinar con precisión la cantidad, el tipo y la ubicación de las luminarias, evitando tanto la subiluminación como el exceso de consumo.

Burak advierte, además, sobre errores frecuentes en el sector. “Uno de los más comunes es elegir luminarias por potencia o precio. Pero los watts indican consumo, no calidad de iluminación. Lo importante son los lúmenes, es decir, la cantidad de luz emitida. Dos equipos con la misma potencia pueden tener rendimientos completamente distintos”, explica.
La experiencia acumulada en el mercado local también permitió identificar particularidades propias del segmento. Entre ellas, la necesidad de contar con equipos aptos para entornos con presencia de gases, una condición habitual en las playas de carga. “Las luminarias deben estar preparadas para operar en condiciones críticas, sin margen de falla. Eso marca una diferencia respecto de otros ámbitos”, señala.
En paralelo, el especialista destaca un cambio cultural entre los operadores. “Hoy el estacionero entiende que la estación compite por experiencia, no solo por precio del combustible. Y la iluminación forma parte de esa experiencia”, afirma.
De cara al futuro, la tendencia apunta hacia sistemas cada vez más inteligentes. Sensores, automatización y capacidad de recolección de datos comienzan a integrarse en los proyectos lumínicos, abriendo nuevas posibilidades de gestión. “La iluminación ya no solo ilumina: también puede medir el flujo de personas, optimizar consumos en tiempo real y aportar información para la toma de decisiones”, anticipa.
Con presencia en Argentina y Uruguay, Luctron busca ahora expandir este modelo a otros mercados de la región, replicando un enfoque que combina diseño, tecnología y asesoramiento técnico. “No se trata solo de vender luminarias, sino de ofrecer soluciones integrales adaptadas a cada cliente”, sostiene Burak.
Como mensaje final, el ejecutivo resume el cambio de paradigma que impulsa el sector: “Invertir en un buen proyecto lumínico es invertir en eficiencia, seguridad y experiencia de cliente. Cuando se hace con criterio técnico, los resultados se ven muy rápido”.
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