Crisis-del-GNV-en-Perú
Perú.
31 Mar, 2026
Actualidad. ¿Qué lecciones dejó la crisis del ducto para el futuro del gas natural en Perú?
El hecho expuso la urgencia de decisiones estructurales: inversiones millonarias, consenso político y una visión de Estado para garantizar el suministro y sostener la transición energética.

La reciente crisis en el suministro de gas natural vuelve a poner sobre la mesa una discusión de fondo: la fragilidad del sistema energético y la necesidad de decisiones estructurales. Más allá de la coyuntura, el episodio deja aprendizajes clave para un mercado que busca consolidarse y, al mismo tiempo, avanzar hacia una transición energética ordenada.

En ese contexto, Walter Espinoza Villaverde planteó a Surtidores LATAM una mirada contundente sobre el momento que atraviesa el país. “Tenemos que vernos como Estado, en verdad, y como un Estado que está en una situación de guerra”, sostuvo, al remarcar que la prioridad debe ser la seguridad energética por encima de cualquier diferencia política.

El especialista enfatizó que esta crisis obliga a dejar de lado divisiones ideológicas. “No estamos con partidos políticos, izquierdas, derechas, blancos o morochos; es una situación de defender al país”, afirmó, en un llamado directo a construir consensos que permitan garantizar el abastecimiento y evitar futuras interrupciones.

En esa línea, Espinoza Villaverde remarcó que el problema no se resuelve únicamente con medidas de corto plazo. Por el contrario, insistió en la necesidad de retomar conversaciones estratégicas y tomar decisiones de Estado que trasciendan a los gobiernos de turno, especialmente en materia de infraestructura energética.

Uno de los puntos centrales de su análisis es la magnitud de las inversiones necesarias. Según detalló, concretar el Gasoducto Sur implicaría desembolsos cercanos a los 3.000 millones de dólares, una cifra que refleja la envergadura del desafío pero también el impacto que tendría en la seguridad energética del país.

A ello se suman otras alternativas complementarias. El especialista mencionó la construcción de una planta regasificadora, con un costo estimado de 1.000 millones de dólares, así como la incorporación de una barcaza o tanque metanero en zonas estratégicas como Callao o Pisco, lo que demandaría alrededor de 500 millones de dólares en un horizonte de diez años.

Para Espinoza Villaverde, estas inversiones no deben verse como gastos, sino como garantías de estabilidad. “Hay inversiones que tienes que hacer, y eso te va a dar la tranquilidad”, subrayó remarcando que contar con infraestructura diversificada reduce riesgos y fortalece la resiliencia del sistema energético.

Finalmente, el mensaje apunta a la responsabilidad de las futuras autoridades. El desafío, según indicó, será que los próximos gobiernos asuman estas decisiones con visión de largo plazo, entendiendo que la seguridad energética es un pilar clave no solo para el desarrollo del mercado del gas natural, sino también para una transición energética sostenible en el país.

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