Cada tercer semana de noviembre, el Día Internacional del Aire Puro pone sobre la mesa el desafío de mejorar la calidad del aire en las ciudades y reducir las emisiones del transporte. En América Latina, una de las herramientas más eficaces y ya desplegadas a gran escala es el etanol, un biocombustible cuya contribución ambiental está documentada desde hace más de dos décadas.
Su uso como aditivo o sustituto parcial de la gasolina cobró relevancia por su capacidad comprobada de reducir emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar la calidad del aire urbano. En este sentido, los países de la región consolidaron políticas activas.
Brasil mantiene una mezcla obligatoria del 30% de etanol anhidro en la gasolina; Argentina del 12%; y Paraguay del 25%. Estas son medidas que, además de reducir emisiones, fortalecen la seguridad energética, disminuyen la dependencia de combustibles importados e integran al sector agropecuario en la cadena de valor energética. Al ser un producto de origen local, el etanol dinamiza economías regionales, genera empleo y promueve la innovación industrial.
Este avance se refleja también en la evolución de las Estaciones de Servicio. Desde Gilbarco Veeder-Root señalaron a Surtidores Latam que sus tecnologías están preparadas para integrar distintos vectores energéticos, biocombustibles, carga eléctrica y servicios inteligentes, dentro de un mismo ecosistema operativo.
La compañía destacó que la tendencia global es avanzar hacia estaciones capaces de gestionar energías híbridas con eficiencia, seguridad y trazabilidad, un enfoque que ya comienza a expandirse en América Latina.
Asimismo, la marca también mencionó que otra línea de desarrollo es la producción de hidrógeno renovable a partir de etanol, una alternativa que permitiría abastecer vehículos eléctricos con celdas de combustible aprovechando la infraestructura existente. Aunque aún se trata de una tecnología en evolución, abre nuevas posibilidades para la diversificación energética.
En paralelo, la demanda de biocombustibles en la región creció de forma sostenida en los últimos años. La transición hacia una movilidad más limpia y los compromisos internacionales de descarbonización posicionan a América Latina como un actor clave en el desarrollo de combustibles renovables.
A esto se suma el avance del etanol de segunda generación, producido a partir de biomasa residual, como bagazo o paja de caña, una innovación que permite aumentar la eficiencia sin ampliar la superficie cultivada y reducir la presión sobre cultivos de uso alimentario.
Con una combinación de normas maduras, tecnología disponible y líneas de innovación en marcha, el etanol continúa consolidándose como una herramienta estratégica para mejorar la calidad del aire en las ciudades de la región.














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