Una hamburguesa de marca, una compra para llevar a destino o un ciclo de lavado de ropa pueden convertirse en motivos para entrar a una Estación de Servicio sin necesidad de cargar combustible. Para los operadores, esa posibilidad abre una pregunta concreta: qué franquicias podrían aprovechar su ubicación y atraer consumos que hoy quedan fuera del predio.
Consultados por Surtidores, Carlos Canudas Rivell, consultor internacional especializado en franquicias; Fernando Leguizamon, director de Chubits y presidente de la Asociación de Franquicias del Litoral; Juan Pablo Pasqualicchio, director creativo de Franquicias Que Crecen; y Roberto Russo, director de GAF Guía Argentina de Franquicias, identifican oportunidades en gastronomía, marcas regionales y servicios. Sus propuestas incluyen experiencias existentes, movimientos anunciados y rubros que consideran con potencial, aunque todavía no impliquen desembarcos confirmados.
Entre las experiencias más conocidas los especialistas destacan a Dean & Dennys con Puma Energy, las Parada Sanguchera con AXION energy, el acuerdo entre YPF y McDonald’s, que contempla distintos formatos de restaurantes, y el interés de Mostaza por desarrollar locales con atención desde el automóvil.
A esa enumeración se agregan dos movimientos que dan señales a nivel nacional: Café Martínez cuenta con nueve puntos de venta asociados a Petromax en Paraguay y manifestó su intención de replicar la experiencia en Argentina, mientras que Weiss anunció su desembarco en una Shell de Córdoba, inicialmente mediante un acuerdo con un operador particular.
Asimismo, existen otros formatos más compactos como el de Havanna, Starbucks y Burger King. No obstante, Leguizamon sostiene que el interés en el sector también alcanza a empresas de menor escala. “Hoy tenemos marcas en cartera que piden explícitamente Estaciones de Servicio”, afirma, aunque no identifica cuáles son. En su experiencia, encuentran especial receptividad en las estaciones blancas, por su mayor libertad para elegir socios comerciales.

LAS MARCAS Y LOS SERVICIOS QUE PODRÍAN ENCONTRAR SU LUGAR EN LAS ESTACIONES
Leguizamon ubica la próxima oportunidad en una segunda ola de cadenas regionales con productos probados y capacidad de adaptar sus formatos. Como dimensión del sector, sostiene: “El sistema cerró 2025 con más de 2.000 marcas y cerca de 60.000 locales en operación”.
Entre las propuestas que considera compatibles con las Estaciones de Servicio menciona John’s Burgers, por su potencial en espacios compactos y horarios nocturnos urbanos; Don Pizza, por la venta por porción y para llevar; y La Pastelería, para desayunos, meriendas y compras de impulso durante el viaje.
También incluye a Jamofiesta, con fiambres, picadas y sándwiches que pueden vincularse con el consumo en ruta y los productos para llevar a destino, y a Eqo Natura, por su oferta natural y saludable. Las presenta como opciones con potencial de adaptación, sin anunciar acuerdos específicos de instalación.
Para Leguizamon, una estación urbana puede aprovechar corners de 15 a 40 metros cuadrados, café para llevar y comidas de preparación rápida. Además, propone una función complementaria: convertirse en base de delivery nocturno cuando otros establecimientos gastronómicos ya cerraron.
En ruta, en cambio, plantea locales con salón, menú completo, sanitarios cuidados y productos regionales. Como referencia de esa búsqueda de servicios más amplios, menciona un desarrollo en construcción sobre la Ruta 9, a la altura de San Pedro, que incorporará un espacio comercial tipo shopping.
La gastronomía concentra buena parte de las posibilidades, pero Canudas propone mirar especialmente los negocios automatizados. Las lavanderías Laverap Smart, explica, pueden funcionar sin personal permanente y permitir que el cliente consuma en la tienda mientras espera. Como antecedente internacional, cita a Wash ME, anteriormente Revolution Laundry, con instalaciones en estacionamientos de Estaciones de Servicio de España y Reino Unido.
El consultor estima que una lavandería automática puede requerir entre 30 y 60 metros cuadrados, además de agua, desagüe y electricidad adecuados. También identifica oportunidades en lockers de retiro y devolución de paquetes y pequeños servicios vinculados al automóvil.
Pasqualicchio amplía la lista hacia lavaderos automáticos, estética vehicular, lubricentros, gomerías, logística de última milla y centros de pago y cobranza. Leguizamon añade farmacia y perfumería express, accesorios para celulares y tecnología, pet shops en rutas turísticas y espacios de trabajo para viajantes. Se trata de rubros propuestos por los entrevistados, cuya viabilidad deberá estudiarse para cada ubicación.
Los espacios de reunión también aparecen en la mirada de Pasqualicchio, quien aclara que todavía no ha visto implementada esa alternativa. Russo, por su parte, incluye el coworking, el descanso y los servicios para viajeros entre las posibilidades de las estaciones de ruta, junto con propuestas pet friendly.
La recarga eléctrica suma la variable del tiempo de permanencia. Mientras esperan, los usuarios podrían realizar actividades que van desde lavar ropa hasta acceder a un servicio de manicura, según imaginan los especialistas.
El director de GAF, resume esa transformación: “Antes el combustible llevaba al cliente a la estación; ahora la gastronomía, los servicios y las experiencias también determinan dónde decide detenerse”.

¿CÓMO TOMAR LA DECISIÓN DE INVERTIR EN FRANQUICIAS?
Elegir una marca exige conocer la demanda. Los profesionales recomiendan estudiar cuántas personas ingresan, cuánto permanecen, qué compran y qué población rodea al establecimiento. La condición es que el nuevo negocio pueda desarrollar una actividad comercial propia, sin depender exclusivamente de quienes llegan al surtidor.
En superficie, las referencias cambian según el concepto. Un corner puede comenzar en 15 o 20 metros cuadrados, una cafetería con mesas necesitar entre 40 y 80, y un local de ruta con salón requerir 100 o más.
También pueden pensarse otros formatos compactos tradicionales de 30 a 50 metros cuadrados, heladerías de alrededor de 80 y cafeterías estándar con salón de 90 a 100. En este sentido, Leguizamon aclara que compartir instalaciones existentes, como sanitarios, puede reducir el espacio necesario. Un restaurante con atención desde el automóvil, en cambio, requiere circulación propia.
La potencia eléctrica, los desagües y la extracción para cocina, así como los accesos y retornos; las exigencias de seguridad del predio y la conectividad, son criterios primordiales a la hora de analizar en qué conviene invertir. “Muchas veces la obra más cara no es el local, sino adecuar lo que está alrededor”, advierte.
¿CUÁNTO INVERTIR Y QUÉ REVISAR ANTES DE FIRMAR?
Las cifras aportadas describen modelos distintos y no constituyen presupuestos específicos para cualquier Estación de Servicio. Tampoco permiten asignar un mismo plazo de recupero a negocios de diferente tamaño, equipamiento y operación.
Leguizamon estima que un corner de café, pastelería o productos para llevar puede demandar entre USD 25.000 y 60.000; un formato con cocina, como hamburguesas o pizza, entre USD 60.000 y 120.000; y una propuesta completa de ruta, más de USD 150.000. Ubica los recuperos entre 18 y 36 meses, con los formatos pequeños en el extremo inferior.
Canudas aporta otras referencias: inversiones publicadas para Laverap Smart desde aproximadamente USD 55.600, cafeterías tradicionales de USD 80.000 a 300.000 y una hamburguesería de gran superficie como Mostaza de USD 500.000 a un millón. Señala que algunas marcas informan proyecciones cercanas a 20 meses y otras de 36 a 42, que deben verificarse para cada ubicación.
Pasqualicchio menciona heladerías desde USD 30.000 a 50.000, con recuperos de 15 a 18 meses; cafeterías de alrededor de USD 80.000, con horizontes de 18 a 24 meses; y restaurantes de hamburguesas con atención desde el automóvil que pueden superar USD 700.000.
Para la mayoría de los formatos que describe cómo pensados para estaciones, sitúa la inversión entre USD 120.000 y 250.000, con recuperos de dos a cuatro años. También propone evaluar pizzas y empanadas como alternativas de menor inversión, siempre que cuenten con el movimiento de clientes que necesitan.
Russo evita establecer un promedio: habla de propuestas desde algunas decenas de miles de dólares hasta otras que superan ampliamente los USD 100.000, y de recuperos de 18 a 24 meses en determinados formatos. Su advertencia es directa: “El tránsito por sí solo no garantiza rentabilidad: hay que convertirlo en ventas con una estructura de costos sostenible”.
Dentro de esa estructura, Leguizamon ubica el canon de ingreso entre el 5 por ciento y el 15 por ciento de la inversión total, las regalías entre el 3 por ciento y el 6 por ciento de la facturación y el fondo de publicidad entre el 1 por ciento y el 3 por ciento. Pasqualicchio coincide en el rango de regalías y menciona aportes publicitarios de entre el 1 por ciento y el 3,5 por ciento para los modelos que trabaja.
Este último describe su propuesta como “llave en mano, llave en marcha”, con el local armado para operar. Aun así, el análisis debe precisar qué incluye cada presupuesto y quién asume la obra civil, el equipamiento y las adecuaciones del predio.
Antes de avanzar, los cuatro coinciden en revisar el contrato con la petrolera: exclusividades de productos o categorías, proveedores obligatorios, autorizaciones para incorporar marcas y condiciones de imagen y uso del espacio.
También deben alinearse los plazos. Se advierte sobre firmar una franquicia a cinco años si el vínculo con la bandera vence en dos; lo mismo con compromisos a diez años frente a un abanderamiento que termina en tres; y se extiende esa revisión al período durante el cual el operador puede utilizar el inmueble.
“Llevar una franquicia a una estación no es copiar un local de calle al lado del surtidor”, expresa Leguizamon. Esa adaptación debe reflejarse en el modelo económico: aconseja pedirlo y proyectarlo con los números reales del establecimiento.
Por último se remarca la necesidad de conversar con otros franquiciados antes de firmar, ya que ese intercambio permite contrastar la presentación comercial con la operación diaria, el soporte recibido y los costos efectivos de trabajar con la marca.





