La actualización de precios que entró en vigor el 1º de octubre volvió a exponer diferencias en los costos del sistema energético. La nafta Súper aumentó 2 por ciento, mientras que el gasoil 50S subió 7 por ciento.
Los incrementos quedaron por debajo de los valores de referencia calculados por la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua, que contemplaban subas de 5.5 por ciento para la nafta y 37 por ciento para el gasoil. En este último caso, la distancia es considerable, ya que frente a un precio de referencia al público de $80.54 por litro, el Poder Ejecutivo fijó un valor de $62.79.
La decisión refleja la estrategia oficial de amortiguar el traslado de los costos al mercado interno. Daniel Sanguinetti, presidente de la Unión de Vendedores de Nafta del Uruguay, valoró que los aumentos hayan sido inferiores a los que marcaba URSEA, especialmente en el gasoil, por su vinculación con la producción, el agro y el transporte.
Pero, para las estaciones, la estructura tributaria, los mecanismos de financiación de determinadas políticas públicas y las diferencias de tratamiento entre regiones también determinan las condiciones en las que se desarrolla el negocio.

LA COMPETITIVIDAD MÁS ALLÁ DEL PRECIO EN SURTIDOR
Para los empresarios-estacioneros, la forma en que se articulan esos componentes importa tanto como el valor final incide en la planificación de las compras, la administración del capital de trabajo y las decisiones de inversión.
El gasoil mantiene un vínculo con el transporte, el agro y otras actividades productivas que hace que cualquier variación significativa repercuta sobre una amplia cadena económica. Moderar las subas puede contribuir a contener estos costos, aunque el efecto sobre cada estación depende también de los volúmenes comercializados, los gastos operativos y las características de su mercado.
Consultado sobre la posibilidad de modificar los precios todos los meses o cada dos meses, Sanguinetti señaló que la decisión depende de la volatilidad de los precios y que ambas alternativas tienen ventajas y desventajas.
EL IMESI Y LAS DIFERENCIAS ENTRE ESTACIONES
Las diferencias de precios con los países vecinos convierten a la política tributaria en una variable especialmente sensible para las estaciones de frontera. Cuando cargar combustible del otro lado resulta más conveniente, parte de la demanda puede desplazarse y afectar el volumen de ventas de los establecimientos uruguayos.
Los descuentos de IMESI sobre las naftas buscan reducir esa brecha y retener compras dentro del país. Sin embargo, el beneficio está limitado a determinadas zonas, por lo que no todos los operadores cuentan con la misma herramienta para competir.
Entre los cambios que se consideran necesarios, Sanguinetti planteó reducir los impuestos a las naftas y extender los descuentos de IMESI a todas las Estaciones de Servicio. Además, propuso revisar los subsidios cruzados que, según señaló, recaen sobre el gasoil para financiar el boleto y el supergás.

LOS SUBSIDIOS Y LA FORMACIÓN DE LOS PRECIOS
La estructura de precios incluye, además, mecanismos destinados a financiar políticas públicas, entre ellas las vinculadas al transporte colectivo y al supergás. Aunque responden a objetivos diferentes, ambos forman parte de una discusión más amplia sobre quién aporta los recursos y cómo se distribuyen sus costos.
En el caso del supergás envasado, la metodología de fijación de precios incorpora un factor de ajuste sobre el precio de paridad de importación de las naftas y el gasoil 50S. Ese componente fue reducido a $1.20 por litro a partir de enero de 2026 y tiene como destino financiar el subsidio al supergás.
El transporte colectivo cuenta, por su parte, con el Fideicomiso para la Movilidad Sostenible, que compensa a las empresas por la diferencia entre el precio del gasoil que abonan y un valor de referencia establecido para ese mecanismo.
Sanguinetti cuestionó que el gasoil soporte componentes destinados a financiar otros objetivos, y mencionó específicamente los asociados al boleto, que cifró en $3, y al supergás, de $1.20. Desde su perspectiva, revisar estos mecanismos debería formar parte de una discusión sobre la carga que recae sobre los combustibles.





