El mercado de combustibles en América Latina vuelve a mostrar en 2026 un escenario de profundas desigualdades, con precios del litro de gasolina que van desde apenas US$0,035 hasta más de US$2. El ranking difundido por Global Petrol Prices confirma que la región mantiene una de las mayores dispersiones a nivel mundial.
En el extremo más bajo se ubica Venezuela, donde el litro cuesta apenas US$0,035, un valor fuertemente distorsionado por los subsidios estatales. Le siguen Ecuador (US$0,763) y Bolivia (US$1,008), también con esquemas de intervención que contienen los precios internos.
En un nivel intermedio aparecen mercados con mayor alineación a los valores internacionales, como Colombia (US$1,112), Paraguay (US$1,117) y Brasil (US$1,314), donde los precios responden a ajustes periódicos vinculados al costo del crudo y a políticas fiscales.
Más arriba en el ranking se ubican Costa Rica (US$1,365) y Argentina (US$1,520), reflejando mercados con alta carga impositiva y presión inflacionaria. En estos casos, el precio final al consumidor suele incorporar costos logísticos, tributarios y cambiarios.
Entre los países con combustibles más caros figuran México (US$1,583), Perú (US$1,627) y Chile (US$1,649), donde la menor presencia de subsidios y la dependencia de importaciones inciden en los valores finales.
El caso más elevado corresponde a Uruguay, con US$2,025 por litro, consolidándose como el mercado más caro de la región. Este nivel responde principalmente a la estructura impositiva y a los costos internos del sistema de distribución. ([Emol][1])
A nivel global, el precio promedio del litro de gasolina se ubica en torno a US$1,28, lo que deja en evidencia que varios países latinoamericanos superan ampliamente ese valor, mientras otros se mantienen artificialmente por debajo gracias a subsidios estatales.
En este contexto, los especialistas coinciden en que factores como el precio internacional del petróleo, la política de subsidios, la carga tributaria y la capacidad de refinación seguirán determinando el comportamiento de los combustibles en la región, manteniendo una brecha que impacta directamente en la competitividad, la inflación y el bolsillo de los consumidores.


















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