La pregunta vuelve a instalarse con fuerza entre inversores que buscan alternativas reales de largo plazo: ¿sigue siendo rentable comprar una Estación de Servicio en la actualidad? La combinación de volatilidad macroeconómica, márgenes financieros ajustados y escasez de instrumentos estables reactiva el interés por un negocio tradicional que, lejos de estancarse, atraviesa un proceso de transformación profunda.
“Una Estación de Servicio no es un activo financiero, es un negocio operativo que genera flujo de caja diario y constante”, explica Oscar Bally, especialista en inversiones del sector energético y director de OP Fuel Consulting. “Esa capacidad de generar caja en forma permanente es lo que hoy vuelve a poner a las estaciones en el radar de muchos inversores”, agrega.
A diferencia de otros vehículos de inversión, la demanda de combustibles y servicios asociados mantiene un componente estructural que se sostiene en el tiempo. Sin embargo, Bally advierte que el negocio ya no puede analizarse bajo los parámetros históricos. “Durante muchos años la rentabilidad se midió solo por litros vendidos. Ese enfoque hoy quedó viejo”, sostiene en diálogo con Surtidores.
El sector enfrenta cambios regulatorios, nuevas exigencias operativas, avances tecnológicos y un consumidor cada vez más informado y demandante. En ese marco, el modelo tradicional da paso a un nuevo paradigma. “La estación dejó de ser solamente un lugar donde se carga combustible para convertirse en una plataforma de servicios, energía y conveniencia”, resume el consultor.
Ese giro se refleja en la incorporación de sistemas de autodespacho, la digitalización integral de los procesos, la expansión de los medios de pago electrónicos, la telemedición y la gestión de datos en la nube. A ello se suma la diversificación de servicios, con tiendas de conveniencia más desarrolladas, propuestas gastronómicas, soluciones para transporte pesado y flotas, y programas de fidelización que buscan aumentar el ticket promedio.
“Hoy la rentabilidad se construye gestionando clientes, no solo vendiendo litros”, remarca Bally. “La experiencia del usuario, el tiempo de permanencia en la estación y la capacidad de ofrecer servicios adicionales pasan a ser variables centrales del negocio”, subraya.
La transición energética también empieza a jugar un rol creciente. Si bien la movilidad eléctrica aún se encuentra en una etapa incipiente, el aumento sostenido de los vehículos híbridos y eléctricos impulsa a muchas estaciones a evaluar la incorporación de puntos de recarga. “No se trata de reemplazar el combustible líquido, sino de ampliar la oferta energética”, aclara Bally. “La recarga eléctrica genera fidelización, atrae flotas y aumenta el consumo en tienda y servicios”, añade.
Otro factor determinante para evaluar la rentabilidad es la infraestructura. Las estaciones requieren reinversiones permanentes para mantenerse competitivas y alineadas con las nuevas demandas del mercado. En ese sentido, Bally señala que el sector se encamina hacia un nuevo ciclo de inversiones. “La necesidad de modernizar instalaciones y la expectativa de incentivos fiscales reducen el riesgo y acortan los plazos de recupero”, afirma.
Para el especialista, el contexto actual no desalienta el negocio, sino que lo profesionaliza. “Hoy invertir en una Estación de Servicio es una decisión empresarial que exige análisis, planificación y gestión. Ya no alcanza con una buena ubicación”, advierte.
Según Bally, la respuesta no admite análisis superficiales. Invertir en Estaciones de Servicio sigue siendo una alternativa rentable en 2026, pero bajo condiciones muy distintas a las del pasado. “Ya no se trata de una apuesta pasiva basada únicamente en los litros despachados, la rentabilidad hoy se construye a partir de la diversificación de ingresos, la gestión profesional del negocio y la capacidad de adaptarse a un modelo que cambió”, concluye.















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