Conseguir gasoil volvió a convertirse en una urgencia para las Estaciones de Servicio blancas. Hay distribuidores que dejaron de vender y partidas disponibles a cotizaciones que complican la competencia con las redes embanderadas. La escalada de Medio Oriente revivió una dificultad conocida para sostener la atención al público sin certeza sobre cuándo podrán reponer ni cuánto deberán pagar.
Referentes del ámbito de las operadoras sin marca consultados coincidieron en que atraviesan problemas similares a los registrados alrededor de abril. Según explicaron a Surtidores, algunos de sus proveedores habituales ya no aceptan pedidos. Otros conservan un remanente de cupo, aunque eso no garantiza recibir la cantidad solicitada.
La búsqueda obliga a consultar alternativas, comparar condiciones y reorganizar compras. Pero encontrar disponibilidad de producto tampoco resuelve toda la cuenta, porque el costo de adquisición puede dejar al establecimiento demasiado lejos del precio que ofrecen sus competidores de bandera.

Mientras algunos optan por no comprar al mayorista y quedar desabastecidos, apuntando el negocio a las naftas o al GNC para sostenerse, quienes acusan mayor urgencia prefieren abastecerse al precio del mercado “aunque sea para que el cliente sepa que tenemos”, dijeron.
Es conocido que las blancas se abastecen generalmente mediante intermediarios, sin el contrato que vincula a una boca embanderada con su petrolera. Esa modalidad les permite elegir dónde comprar, pero las expone más directamente a las variaciones del circuito mayorista y a su stock.
Los empresarios señalaron que ciertas partidas se cotizan bajo referencias de import parity. En las operaciones relevadas, describieron diferencias de entre un 20 y un 30 por ciento sobre sus condiciones habituales, con variaciones según la zona y el vendedor.
Los mayoristas consultados informaron que el impacto de la crisis internacional encareció fuertemente la importación de gasoil. Ese incremento se trasladó a las condiciones de suministro, con lo cual, aumentaron las cotizaciones y se restringieron los volúmenes ofrecidos. En el último tramo de esa cadena quedaron los dueños de estaciones sin bandera, que deben afrontar una reposición más costosa o buscar otro proveedor cuando su pedido no puede concretarse.
De esta manera, el mercado redujo las opciones de compra y motivo dificultades para organizar la operatoria. Los aumentos recientes fueron más pronunciados en el segmento a granel que en los surtidores, profundizando la desventaja de quienes dependen de distribuidores para mantener su actividad.
Uno de los entrevistados explicó que procura conservar la calidad ofrecida, pero encuentra dificultades para obtener el producto de su abastecedor habitual. Recurrir a otro tampoco asegura una salida: debe comprobar las características de la partida, su cotización y los litros efectivamente disponibles.

La experiencia tiene antecedentes cercanos. Durante los primeros meses del año, este medio informó sobre el encarecimiento mayorista y la brecha comercial que perjudicaba a las expendedoras independientes. Los testimonios actuales vuelven sobre esa vulnerabilidad, con una complicación adicional para algunos negocios: además de pagar más, se enfrentan con problemas de entregas.
A esa situación se suma un movimiento relacionado en el canal agro. Productores y contratistas también tienen límites para sus adquisiciones directas y buscan cubrir necesidades en las Estaciones de Servicio. Ese desplazamiento aumenta la demanda en determinadas localidades.
Las bocas embanderadas tienen, a su vez, restricciones propias. De acuerdo con las fuentes consultadas, algunas petroleras monitorean los volúmenes suministrados y modifican las condiciones cuando se supera el máximo convenido. Las cargas adicionales pueden facturarse hasta $600 más por litro.
El recargo corresponde a cantidades adquiridas por encima de la asignación habitual, no a una suba general al público. Por eso, atender más vehículos vinculados con la actividad rural exige calcular cuánto costará recuperar lo despachado antes de comprometer nuevas ventas.
Los operadores diferenciaron estas dificultades de lo que ocurre con las naftas, para las cuales no reportaron inconvenientes. La preocupación se concentra en el diésel y en la posibilidad de obtenerlo sin quedar fuera de competencia.





