La expansión del gas natural, junto con las nuevas tecnologías de movilidad, expone la necesidad de reglas claras e inversiones que permitan llevar energía más accesible y sostenible a todo el territorio peruano.
El gas natural vehicular cumple dos décadas en el Perú y se ha consolidado como una alternativa eficiente y de bajo costo para la movilidad urbana. Así lo afirmó a Surtidores LATAM Enrique Marcelo Loayza, presidente de la Asociación de Grifos y Estaciones de Servicio del Perú, quien destacó que su incorporación inicial estuvo ligada al transporte público y a los conductores que utilizan sus vehículos como herramienta de trabajo diario.
Según el dirigente gremial, el GNV comenzó a utilizarse principalmente en taxis, colectivos y luego en el transporte urbano de Lima, gracias a que se trata de un producto de baja presión y con ventajas económicas frente a los combustibles líquidos. Esta característica permitió que miles de usuarios redujeran sus costos operativos sin resignar seguridad ni desempeño.
No obstante, Loayza remarcó que el principal problema del gas natural es su limitada cobertura territorial. “Lo lamentable es que no tiene una llegada a todo el país”, señaló, al explicar que actualmente el suministro por redes se concentra básicamente en Lima e Ica, dejando fuera a amplias regiones del territorio nacional.
En ese contexto, el presidente de AGESP indicó que en otras zonas, incluso de la costa, el gas debe trasladarse de manera virtual, lo que encarece el producto. Aún así, subrayó que continúa siendo más barato que los combustibles líquidos, manteniendo su atractivo económico para los usuarios finales.
Para Loayza, el gran pendiente es la falta de una acción coordinada del Estado que permita masificar el gas natural en el interior del país. “Hace falta concertar esfuerzos para que el gas llegue donde más se necesita, protegiendo al usuario con un producto más barato para su movilidad y también para el uso del hogar”, afirmó, aludiendo a servicios básicos como la cocina o el agua caliente.
Al referirse al futuro energético, el titular de AGESP sostuvo que las Estaciones de Servicio avanzan hacia un nuevo concepto: convertirse en “boutiques de energía”. En Lima y otras ciudades del país, explicó, ya es habitual encontrar estaciones que ofrecen combustibles líquidos, GLP y gas natural, ampliando las opciones para los conductores.
Sin embargo, en el caso de la electromovilidad, Loayza advirtió que su desarrollo enfrenta un obstáculo clave: la imposibilidad de cobrar por la venta de energía eléctrica. “No estamos permitidos a cobrar ese servicio, entonces no hay retorno y no se puede invertir”, sostuvo, señalando la necesidad de una normativa clara que habilite y fomente la inversión en cargadores eléctricos.
Finalmente, el presidente de AGESP se mostró convencido de que el camino es la diversificación. Las Estaciones de Servicio, advirtió, deben prepararse para incorporar la electromovilidad, el hidrógeno y otras energías que surjan en el futuro. “Tenemos que ser una boutique de productos energéticos”, concluyó, poniendo el foco en un modelo más moderno, sostenible e inclusivo para el abastecimiento en el Perú.














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