La discusión sobre el hidrógeno como alternativa energética para el transporte pesado vuelve a tomar fuerza en América Latina en este 2026. En Colombia, el debate se reactivó tras los anuncios del Ministerio de Minas y Energía de Colombia sobre pruebas piloto en tractocamiones que operan en modo Dual —hidrógeno y diésel simultáneamente— bajo la tecnología conocida como H2-ICE (Hydrogen Internal Combustion Engine). El tema fue compartido por Julio César Giraldo Ruiz con Surtidores LATAM, quien planteó una serie de advertencias técnicas que invitan a una reflexión regional más profunda.
Giraldo, consultor en transición energética con más de 25 años de experiencia en gas vehicular, incluyendo GNC, AutoGLP y AutoGNL, considera que los ensayos anunciados podrían resultar demasiado cortos para evaluar con rigurosidad una tecnología compleja. Su planteamiento no rechaza el hidrógeno, pero sí cuestiona el afán por mostrar resultados inmediatos en un contexto donde América Latina aún construye su hoja de ruta para la descarbonización del transporte pesado.
En la región, países como Brasil, Chile y Colombia han incluido el hidrógeno verde dentro de sus estrategias energéticas, aunque la mayoría de proyectos siguen concentrados en aplicaciones industriales o de exportación. El uso en camiones de larga distancia todavía es incipiente y enfrenta desafíos técnicos, regulatorios y económicos. En este escenario, el especialista propone que las decisiones no se basen únicamente en pilotos experimentales, sino en evidencia acumulada y aprendizajes internacionales.
Uno de los puntos centrales del análisis es la conveniencia de considerar tecnologías de retrofit H2-ICE como parte de un programa estructurado de modernización del parque automotor de carga. Según explica, ya existen motores diseñados o modificados para operar con hidrógeno en mercados como Estados Unidos, Francia, España y China. Importar tecnología probada podría reducir riesgos frente a adaptaciones locales aceleradas.
El factor económico es otro elemento crítico. Actualmente, solo Corea del Sur y China presentan condiciones cercanas a la paridad entre el precio del diésel y el hidrógeno. En América Latina, la producción de hidrógeno renovable aún resulta costosa debido al precio de la electricidad, la infraestructura limitada y la falta de economías de escala. Esto implica que, sin incentivos sólidos, el transporte pesado difícilmente adoptará la tecnología en el corto plazo.
En el caso colombiano, además del costo, existen consideraciones técnicas relevantes. Giraldo advierte sobre la incompatibilidad potencial entre el AdBlue y el agua generada durante la combustión del hidrógeno, lo que podría afectar componentes como bombas de inyección, inyectores y catalizadores. También recuerda que la combustión de hidrógeno puede generar óxidos de nitrógeno (NOx), por lo que se requieren sistemas de postratamiento adecuados.
A ello se suman ajustes indispensables en sistemas de lubricación, refrigeración, turbocompresión y gestión electrónica del motor (mapeo de la ECU). Estos aspectos, si no se analizan con detalle, pueden comprometer la confiabilidad operativa de los vehículos. En un sector como el transporte de carga, donde los márgenes son ajustados y la disponibilidad mecánica es clave, cualquier falla técnica puede traducirse en pérdidas significativas.
El debate que se abre en Colombia es, en realidad, un espejo de lo que enfrenta toda América Latina: cómo avanzar hacia tecnologías más limpias sin repetir errores ni improvisar soluciones. La transición energética en el transporte pesado exige planificación, pruebas de largo plazo y coherencia entre política pública, industria y operadores. Las “alertas tempranas” planteadas por el consultor no buscan frenar la innovación, sino fortalecerla con criterio técnico en un momento decisivo para el futuro energético regional.















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