precios de los combustibles olacde
Latam.
10 Jul, 2026
Informe La nafta y el gasoil todavía cuestan más que antes de la guerra en Medio Oriente
Un informe de OLACDE reveló que la inflación energética en América Latina y el Caribe se triplicó en apenas dos meses, mientras los combustibles se mantienen por encima de los valores previos al conflicto.

La calma que venía mostrando el sector energético en la región llegó a su fin. Según el Reporte de Inflación Energética N° 26 de OLACDE, difundido en julio desde Quito, los precios vinculados a la energía en América Latina y el Caribe empezaron a moverse con fuerza a partir de marzo, después de haber tocado en febrero su nivel más bajo del período analizado, cercano a cero.

El detonante, según el organismo, tiene nombre y apellido: las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y la incertidumbre alrededor del Estrecho de Ormuz, un paso clave para el comercio mundial de crudo. Ese contexto empujó la inflación energética interanual al 2,12% en marzo, la llevó al 4,52% en abril y la hizo trepar hasta el 6,41% en mayo de 2026. En apenas sesenta días, el indicador se triplicó.

El contraste con el resto de la economía es marcado. Mientras la energía se disparaba, el índice de precios general de la región se mantuvo mucho más tranquilo, cerrando mayo en 4,13%. OLACDE explica esa diferencia por el tamaño de la canasta que mide cada indicador: el general reparte el impacto entre una variedad amplia de bienes y servicios, mientras que el energético recibe el golpe del mercado internacional de manera directa, sin intermediarios que lo amortigüen.

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Ese golpe ya se siente en el surtidor. La nafta promedio de la región todavía cuesta un 16% más que antes del estallido bélico, y muestra bastante resistencia para bajar. El gasoil, por su parte, acumula una diferencia del 13% respecto a los valores previos, aunque en las últimas semanas logró una corrección parcial que le dio algo de alivio.

Lo llamativo es que esta presión interna se sostiene incluso cuando el petróleo empieza a mostrar cierta calma en los mercados internacionales. Para OLACDE, eso tiene explicación: el traslado de un shock global hacia el valor final de los combustibles nunca es instantáneo ni parejo entre países. Entran en juego los stocks comprados a costos anteriores, la carga impositiva de cada mercado, los subsidios vigentes y los mecanismos de estabilización que aplican varios gobiernos para suavizar los vaivenes del crudo.

Si se mira la serie completa que releva el organismo, el salto de mayo queda todavía más expuesto. Durante buena parte de 2025, la inflación energética osciló entre valores bajos, con picos puntuales como el 3,16% registrado en febrero de aquel año, sin llegar nunca a acompañar el ritmo del índice general. Recién ahora, un año después, esa relación se invirtió por completo: el componente energético dejó atrás a la inflación total y se convirtió, de lejos, en el rubro que más presiona.

Para el consumidor final, ese cambio de tendencia no es un dato abstracto. Se traduce en boletas de luz, garrafas y, sobre todo, en un valor de surtidor que quedó pegado al escenario internacional de un modo que costó despegar durante meses. Aun con señales de que el crudo empieza a ceder afuera, adentro de cada país los ajustes tardan en bajar por la mezcla de stocks viejos, impuestos y esquemas de subsidio que cada gobierno maneja a su ritmo.

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