Mientras el mercado global del petróleo atraviesa uno de sus momentos más volátiles por el conflicto en Medio Oriente, Costa Rica aparece como un caso particular en América Latina: precios unificados, ajustes mensuales y ausencia de competencia directa entre estaciones.
“El precio que tenemos hoy es inferior al de hace un año, incluso con los aumentos recientes”, aseguró Luis Fernando Barrantes Chavarría, Presidente de la Camara de Empresarios del Combustible, en diálogo con Surtidores, al analizar la evolución del mercado local frente al salto internacional del barril, que pasó de promedios cercanos a 67 dólares a valores próximos a los 90.
El dirigente explicó que el sistema costarricense funciona bajo un esquema altamente regulado en el que la estatal RECOPE realiza, cada segundo viernes del mes, una solicitud de ajuste ante la autoridad reguladora en función del comportamiento reciente de los precios internacionales. Ese mecanismo deriva en una modificación tarifaria que se aplica generalmente durante la primera semana del mes siguiente.
“Esto permite cierta previsibilidad. Sabemos que habrá un ajuste y podemos anticiparnos, no es un cambio brusco de un día para otro”, señaló el vicepresidente de la Cámara, Erick Zamora.
De esta manera, el impacto del conflicto geopolítico no se traduce de manera inmediata en el surtidor. De hecho, el último ajuste solicitado para abril refleja sólo parcialmente la suba del crudo: el diésel registraría el mayor incremento, mientras que la gasolina regular subiría de forma moderada y la gasolina superior, de manera llamativa, incluso mostraría una leve baja.
Barrantes Chavarría atribuyó estas diferencias a la forma en que se calculan los costos y a la ventana temporal que toma el regulador: “Cuando se hace el ajuste, ya hay unos quince días del conflicto incorporados en la fórmula, por eso el impacto no es total”.
Otro factor que distingue a Costa Rica es su matriz de abastecimiento. A diferencia de otros países de la región, el combustible no proviene directamente de las zonas en conflicto, sino del Golfo de México, con una logística que asegura arribos constantes a la terminal de Limón. “No tenemos escasez, están llegando buques cada pocos días y el suministro está garantizado”, remarcó el titular de la Cámara.
Sin embargo, la incertidumbre persiste, aunque con características propias. “Es más un efecto psicológico y de especulación”, explicó Barrantes, al tiempo que ejemplificó cómo declaraciones políticas internacionales pueden hacer oscilar el precio del barril en cuestión de horas.
Zamora coincidió en ese punto y describió al petróleo como un mercado extremadamente sensible: “Cualquier ruido mediático puede disparar los precios. Es un mercado muy volátil”.
A nivel interno, el consumo también agrega presión. La temporada seca reduce la generación hidroeléctrica y obliga a aumentar el uso de combustibles para producir energía, lo que podría tensionar la demanda. Aun así, el esquema regulado actúa como amortiguador.
De cara a los próximos meses, el principal interrogante no pasa por el abastecimiento inmediato, sino por la evolución del contexto internacional y posibles decisiones de los países proveedores. “Siempre está el riesgo de que se restrinja la oferta o se especule con los envíos, porque esto es un negocio global”, advirtió Barrantes.

















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