Atlas de los Biocombustibles Líquidos
Latam.
2 Feb, 2026
Avance La producción de biocombustibles crece a dos dígitos y redefine el mercado energético
El Atlas de Biocombustibles confirma un crecimiento sostenido del consumo a nivel mundial, impulsado por mandatos de mezcla, nuevas regulaciones de descarbonización y el avance de combustibles alternativos.

La producción y el consumo de biocombustibles líquidos atraviesan un momento de fuerte expansión a nivel global. Así lo refleja el Atlas de los Biocombustibles Líquidos 2024-2025, elaborado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, que ofrece una visión integral del sector a partir de datos de organismos internacionales como la OCDE, la Agencia Internacional de Energía y el USDA, junto con el análisis de políticas públicas, mandatos de mezcla y comercio exterior.

Los resultados de los biocombustibles continúan consolidándose como una herramienta inmediata de descarbonización del transporte, especialmente por su compatibilidad con la infraestructura existente y por el respaldo normativo que reciben en numerosos países.

El informe destacó que los mandatos obligatorios de mezcla siguen siendo el principal impulsor del crecimiento del sector. En este contexto, India aparece como uno de los casos más dinámicos, con un incremento del 23 % interanual en el consumo de bioetanol durante 2024 y una expansión que, en la última década, se multiplicó por 20.

Brasil también ocupa un rol protagónico. Con un crecimiento promedio anual del 16 % y una expansión del 41 % en diez años, el país representa cerca del 20 % de la producción mundial de biocombustibles, sólo por detrás de Estados Unidos, que concentra el 42 %. La reciente promulgación de la Ley de Combustibles del Futuro, en octubre de 2024, refuerza las perspectivas de crecimiento en el mercado brasileño.

Más allá de los esquemas tradicionales, el Atlas subraya la aparición de nuevos instrumentos regulatorios, como los estándares de combustibles de bajo carbono, orientados a reducir las emisiones del transporte mediante incentivos económicos y con un enfoque tecnológicamente agnóstico.

California fue pionera en este tipo de mecanismos, seguida por otros estados de EE. UU. y Canadá, y su expansión podría marcar el rumbo de futuras políticas en América Latina, especialmente en mercados donde la discusión sobre huella de carbono comienza a ganar centralidad.

El bioetanol continúa siendo el biocombustible líquido de mayor producción, con el 65 % del total mundial, impulsado principalmente por el uso de maíz y caña de azúcar. En este último caso, la experiencia brasileña sigue siendo una referencia histórica para la región.

Sin embargo, el mayor dinamismo reciente se observa en el biodiésel, cuya producción creció a un ritmo superior al del bioetanol en las últimas dos décadas. A la tradicional producción de FAME se sumó con fuerza el HVO, que en solo diez años incrementó su producción un 387 % y ya representa el 29 % del biodiésel global, consolidándose como una alternativa directa al diésel fósil.

Uno de los capítulos más novedosos del Atlas está dedicado a los combustibles sostenibles de aviación. En 2024, su producción creció un 68 % interanual, aunque todavía representa apenas el 0,7 % del consumo global de SAF.

Según expresó a Surtidores Latam, Agustín Torroba, especialista en biocombustibles del IICA y secretario ejecutivo de la Coalición Panamericana de Biocombustibles Líquidos: “La ventana de oportunidad está abierta, aunque el desafío es escalar proyectos, asegurar materias primas sostenibles, certificaciones y señales claras de demanda”.

El Atlas también pone el foco en la diversidad de marcos regulatorios:

– Argentina mantiene un mandato de 12 % de bioetanol y elevó el corte de biodiésel al 7,5 %, aunque su implementación aún no es plena.
– Bolivia avanzó hacia un mandato legal de hasta 25 % de bioetanol, aunque hoy opera con mezclas intermedias.
– Brasil combina un 27 % de bioetanol con un 14 % de biodiésel, con proyecciones de llegar al 25 % hacia 2031.
– Paraguay se posiciona entre los más ambiciosos, con 27 % de etanol y 5 % de biodiésel, y referencias de política hacia E30.
Uruguay, tras derogar el mandato de biodiésel en 2022, mantiene una mezcla mínima de 8,5 % de bioetanol, con valores efectivos cercanos al 10 %.

“Hay distintos caminos posibles según el contexto productivo, las capacidades industriales y el diseño de instrumentos. En 2025 ya se ve un aumento de ambición, con India alcanzando E20 y experiencias de mezclas elevadas de biodiésel como el B35 en Indonesia”, relató el experto.

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