La reciente aprobación en el Senado de México de la reforma constitucional que reducirá de manera gradual la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales hasta 2030 comenzó a generar señales de ajuste en distintos sectores productivos, entre ellos el expendio de combustibles, donde la mano de obra representa un componente central de la operación diaria.
La iniciativa, impulsada por el Gobierno federal como parte de los compromisos de campaña de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, impactaría a más de 12.4 millones de trabajadores formales que actualmente superan las 40 horas semanales. Mientras el sector laboral considera el cambio un avance todavía moderado, en el ámbito empresarial crece la preocupación por el incremento de costos y la necesidad de redefinir esquemas operativos.
Desde la consultora energética PetroIntelligence, su CEO, Alejandro Montúfar, advirtió que la reducción de la jornada tendrá efectos directos en la estructura financiera de las Estaciones de Servicio.
“Lo que estamos esperando es que los costos de operación aumenten con la reducción de la jornada laboral, porque cubrir la diferencia de horas trabajadas va a ser más costoso”, explicó a Surtidores Latam.
Según detalló, esta presión podría acelerar decisiones tecnológicas que durante años permanecieron en evaluación dentro del sector. “Este aumento de costos puede reforzar el análisis sobre la adopción de esquemas de autoservicio que permitan disminuir gastos operativos. Es un tema que ya se venía probando en campo, pero que no había tenido gran éxito en México”, señaló.
El principal obstáculo, remarcó, no es técnico sino cultural. “El consumidor mexicano está acostumbrado a que un despachador cargue la gasolina en su automóvil. Esa preferencia limita el impacto inmediato del autoservicio como mecanismo para mejorar la rentabilidad”, indicó.
En ese contexto, Montúfar describió un clima de adaptación más que de resistencia dentro de la industria gasolinera. Según expresó el experto lo que se está escuchando en el gremio es respeto y adecuación al nuevo marco legal. No vemos posturas de incumplimiento, sino análisis de mecanismos que permitan maximizar la rentabilidad y minimizar los costos operativos.
No obstante, sostuvo que incluso las alternativas orientadas a eficiencia presentan límites.
“El autoservicio podría reducir costos, pero también existe el riesgo de menores ventas si el usuario no se siente cómodo. Por eso el sector está evaluando con cautela cada decisión”, agregó.
La transición hacia la semana laboral de 40 horas aparece así como un cambio estructural que excede la discusión normativa y comienza a trasladarse al terreno operativo. En las estaciones de servicio, donde los turnos, la dotación de personal y la experiencia de atención definen la competitividad, la reforma abre un proceso de redefinición que se desarrollará de forma gradual durante los próximos años.
En palabras del propio Montúfar, el desafío no pasa por resistir la nueva regulación, sino por encontrar el equilibrio económico que permita sostener el negocio: “El sector no está pensando en incumplir, sino en cómo adaptarse sin perder rentabilidad”.















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