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Vaca Muerta y el nuevo mapa energético que desafía al hidrógeno

El crecimiento del gas argentino coincide con una etapa de mayor cautela para el H2.
Vaca Muerta y el nuevo mapa energetico que desafia al hidrogeno

La geografía energética de América Latina comienza a modificarse. Mientras el hidrógeno verde atraviesa una etapa de revisión después del fuerte impulso que recibió en los últimos años, Vaca Muerta gana protagonismo y coloca nuevamente al gas natural en el centro de las conversaciones sobre abastecimiento, competitividad e integración regional.

El fenómeno no implica necesariamente un desplazamiento del hidrógeno, pero sí expone un cambio en las prioridades. Así lo confirmó a Surtidores, Pablo Díaz Gómez de Enterría, Director de Vivestar, donde sostiene que el entusiasmo político que acompañó a la molécula durante los últimos años perdió intensidad.

“El hidrógeno continuaba presente en las exposiciones, en iniciativas tecnológicas concretas y en algunos proyectos que siguen avanzando. Sin embargo, el impulso político que lo había acompañado durante los últimos años parecía sensiblemente menor”, señaló.

El especialista asegura que esa percepción no se limita a un solo mercado. “Ya había percibido señales similares en Uruguay y en otros ámbitos regionales”, explicó, al describir una etapa en la que las expectativas iniciales comienzan a confrontarse con dificultades concretas.

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Entre ellas aparecen la falta de compradores firmes, los elevados costos, las barreras regulatorias y la infraestructura necesaria para desarrollar una industria a gran escala. El resultado es una brecha cada vez más visible entre los anuncios y las inversiones efectivamente comprometidas.

Díaz Gómez de Enterría no interpreta esta situación como el final del hidrógeno. Por el contrario, sostiene que continúa siendo necesario para determinados procesos difíciles de electrificar y para sustituir aplicaciones que actualmente dependen de moléculas de origen fósil.

La diferencia está en el enfoque. Después de una primera etapa marcada por grandes proyectos y ambiciosas previsiones exportadoras, el mercado comienza a exigir una justificación económica más concreta para cada iniciativa. En ese mismo momento, Argentina dispone de un recurso cuya competitividad vuelve a atraer la atención regional.

Vaca Muerta está modificando la posición del país dentro del mercado energético sudamericano. El crecimiento de la producción permite pensar en mayores volúmenes destinados al exterior y abre nuevas posibilidades para abastecer a mercados vecinos.

Chile ya aparece como uno de los principales destinos del gas argentino, mientras que Brasil representa una oportunidad de mayor escala. Buenos Aires y Brasilia avanzaron en el análisis de diferentes alternativas para llevar el recurso hacia territorio brasileño, incluyendo opciones que involucran a Bolivia, Paraguay y Uruguay.

“El gas argentino puede reducir costos, desplazar derivados del petróleo más caros y contaminantes, mejorar la seguridad de abastecimiento y fortalecer la integración regional”, relató.

El problema surge cuando una herramienta útil para los próximos años comienza a determinar las decisiones de las próximas décadas.

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“Las infraestructuras nunca son neutrales”, advirtió el especialista. Una red de transporte, una central térmica o una instalación de procesamiento requieren inversiones importantes y crean compromisos económicos que pueden extenderse mucho más allá del momento en que fueron construidas.

Por eso, la discusión no debería reducirse a elegir entre gas natural e hidrógeno. La verdadera cuestión pasa por definir qué función debe cumplir cada tecnología dentro de una transformación más amplia.

El desarrollo argentino introduce, además, una diferencia importante frente a los proyectos de hidrógeno: existe una oferta disponible, una infraestructura energética previamente desarrollada y mercados regionales que pueden absorber el recurso en el corto plazo.

Esa combinación puede hacer que el gas resulte particularmente atractivo para países que buscan reducir costos o sustituir combustibles líquidos.

La situación también está vinculada con los cambios registrados en Europa. Después de la crisis provocada por la invasión rusa a Ucrania, la seguridad energética pasó a ocupar un lugar prioritario. La diversificación de proveedores, el gas natural licuado y la necesidad de preservar la competitividad industrial modificaron el ritmo de algunas estrategias vinculadas con nuevas moléculas.

Para América Latina, esto tuvo consecuencias directas. Parte de los proyectos de hidrógeno habían sido concebidos bajo la expectativa de encontrar compradores europeos dispuestos a importar grandes volúmenes de combustibles derivados de fuentes renovables.

Cuando esos contratos comenzaron a demorarse, varios desarrollos quedaron sometidos a una evaluación más rigurosa.

“Las baterías, la gestión de demanda, las interconexiones y otras formas de almacenamiento pueden resolver buena parte de la variabilidad de corto plazo”, mencionó. Desde su perspectiva, cuando sea técnicamente posible, la electricidad renovable debería utilizarse de manera directa en lugar de transformarla en hidrógeno para luego volver a convertirla en energía útil.

La molécula tendría mayor sentido allí donde la electrificación directa encuentra limitaciones: determinados procesos industriales, sustitución del hidrógeno fósil, almacenamiento de larga duración o aplicaciones específicas que requieran un vector químico.

También cuestionó la necesidad de que todos los desarrollos comiencen con megaproyectos destinados a la exportación. En determinados casos, planteó, una producción más cercana al consumidor y con crecimiento modular podría ofrecer una alternativa más eficiente.

Ese cambio de perspectiva resulta especialmente relevante para una región que posee recursos renovables abundantes, grandes reservas de gas, capacidad hidroeléctrica, potencial solar y eólico y una infraestructura energética construida durante décadas.

La oportunidad, según el especialista, consiste en combinar esos activos sin permitir que uno termine bloqueando el desarrollo de los demás. “América Latina no necesita elegir dogmáticamente entre gas e hidrógeno”, afirmó. La discusión debería centrarse en determinar para qué utilizar cada recurso y qué capacidades económicas e industriales se quieren desarrollar alrededor de ellos.

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