El crecimiento de la infraestructura de carga muestra cómo distintas fuentes energéticas comienzan a convivir para atender usos diferentes, pero con un mismo objetivo: sostener la actividad productiva y el desarrollo del país.
La expansión de la movilidad eléctrica está incorporando una nueva demanda energética y, con ella, abre una discusión cada vez más relevante para los operadores: ¿qué lugar ocupan las estaciones en un mercado donde naftas, gasoil y electricidad deberán convivir?
La señal más reciente llegó desde UTE. Durante la inauguración de la Electrolinera Malvín, la presidenta de la empresa, Andrea Cabrera, confirmó que la expansión de la infraestructura de carga continuará durante los próximos meses. La empresa prevé instalar alrededor de 300 nuevos puntos durante este año y ya se encuentra en el entorno de los 500. Para 2027, el objetivo es alcanzar los 1.000.
El crecimiento de esta red no responde únicamente a una estrategia tecnológica. Cabrera reconoció que existe una demanda creciente por parte de los usuarios y que la infraestructura privada todavía no se ha desarrollado al ritmo esperado. Frente a esa situación, UTE decidió asumir un papel activo para facilitar el despliegue de la movilidad eléctrica.

Durante décadas, el modelo de la estación estuvo estructurado alrededor de una operación relativamente clara: atraer vehículos, vender combustible y complementar esa actividad con tiendas, lubricación, lavado u otros servicios. La evolución dependerá de la demanda de cada zona, la potencia disponible, la inversión necesaria, los tiempos de permanencia y la rentabilidad que pueda generar cada punto.
DOS NEGOCIOS EN UNA MISMA RED
La transformación tampoco significa que los combustibles vayan a desaparecer en el corto plazo. La propia presencia de ANCAP en la Expo Prado mostró la otra cara de esta transición. La presidenta del ente, Cecilia San Román, destacó: “Desde hace 95 años nuestra misión fue y es entregar energía de calidad en tiempo y forma”.
Asimismo, la ejecutiva señaló que los productores agropecuarios constituyen uno de los principales socios de la empresa y remarcó la importancia que tienen las cadenas vinculadas al campo en la economía uruguaya. En ese vínculo, explicó, no solamente intervienen los combustibles, sino también insumos, conocimiento y tecnología que llegan a diferentes puntos del territorio.

EL COMBUSTIBLE SIGUE EN EL CENTRO DEL APARATO PRODUCTIVO
En la misma jornada, la ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, puso el precio de los combustibles nuevamente sobre la mesa. La jerarca destacó que Uruguay lleva tres meses sin modificar las tarifas de naftas y gasoil.
Según explicó, desde marzo existe una instancia mensual de trabajo entre el Ministerio de Economía y Finanzas, el Poder Ejecutivo y ANCAP para analizar las variables que integran la canasta energética y la situación económica de la empresa. A partir de esos elementos se toman las decisiones sobre los valores que llegan al público. “No subimos el combustible hace 3 meses, eso tiene que ser la noticia”, sostuvo Cardona, quien definió la decisión como parte de la gestión y de la política pública.
Esta transformación plantea una etapa en la que el abastecimiento energético será cada vez más diverso. La nafta y el gasoil continúan teniendo un rol central en el transporte y las actividades productivas, mientras la electricidad sumará nuevos usos y consumidores.





