La transformación del sistema eléctrico empieza a tener consecuencias que van más allá de las empresas generadoras, distribuidoras o grandes consumidores. Para las Estaciones de Servicio, la expansión de los cargadores para vehículos eléctricos, la posibilidad de incorporar generación propia y el uso de baterías abren una nueva etapa en la relación con la red.
El tema fue analizado durante el IV Foro de Reguladores Eléctricos “Regulación para los Sistemas Eléctricos del Futuro”, organizado por la Organización Latinoamericana de Energía, GET.transform y la Asociación Iberoamericana de Entidades Reguladoras de la Energía.
Durante el encuentro, el presidente de URSEA, Andrés Cardozo, planteó que el sector atraviesa una “tercera ola” de regulación, impulsada por tres transformaciones simultáneas: la transición energética, la digitalización y una creciente preocupación por la equidad en el acceso a los servicios.
Un establecimiento que incorpore cargadores rápidos puede pasar a requerir una infraestructura eléctrica significativamente diferente a la de una estación tradicional. Si además suma paneles solares, almacenamiento o sistemas para administrar sus consumos, la forma en que utiliza y se vincula con la red también comienza a cambiar.

UNA RED PREPARADA PARA NUEVAS DEMANDAS
Uno de los principales debates del foro fue que la seguridad del suministro ya no puede medirse únicamente a partir de la capacidad de mantener el servicio bajo condiciones normales.
Cardozo señaló que los reguladores deben incorporar el concepto de resiliencia, entendido como la capacidad de los sistemas eléctricos para resistir perturbaciones, adaptarse a situaciones imprevistas y recuperar rápidamente su funcionamiento.
Una interrupción prolongada puede afectar no solo la iluminación y los servicios de una estación, sino también la operación de equipos, sistemas de pago y, en el futuro, la infraestructura destinada a la carga de vehículos eléctricos.
También contempla la respuesta frente a fenómenos climáticos extremos. Para ello, el argumento es que la planificación de las redes no se base exclusivamente en registros históricos, sino que incorpore escenarios futuros, análisis de riesgos y pruebas de estrés.

TRANSFORMACIÓN DEL PERFIL DE LA ESTACIÓN DE SERVICIO
Los cargadores rápidos requieren mayores niveles de potencia y pueden generar picos de demanda que no forman parte del perfil tradicional de consumo de una Estación de Servicio. Esto abre interrogantes sobre la infraestructura necesaria, los costos asociados y la capacidad de las redes para acompañar una expansión de este tipo.
Al mismo tiempo, tecnologías como las baterías de almacenamiento podrían permitir administrar esos picos y reducir la presión sobre la conexión en determinados momentos. La generación distribuida, por su parte, puede ofrecer otra herramienta para complementar el suministro.
La estación podría dejar de ser solamente un punto de expendio de combustibles líquidos con un consumo eléctrico asociado para convertirse progresivamente en un nodo energético, donde convivan combustibles tradicionales, electricidad, generación y almacenamiento.
REGULAR SERVICIOS Y NO TECNOLOGÍAS
Los marcos actuales fueron diseñados en un momento en que la generación eléctrica estaba concentrada principalmente en tecnologías térmicas e hidráulicas y el flujo de energía seguía una lógica esencialmente unidireccional. Ese esquema comienza a modificarse con la generación distribuida, el almacenamiento, los vehículos eléctricos, los sistemas digitales y la inteligencia artificial.
Por eso, la propuesta es que la regulación determine qué servicios necesita el sistema y cuáles son los resultados que deben alcanzarse, estableciendo las condiciones que deberán cumplir quienes los proporcionen, independientemente de la tecnología utilizada.
También se planteó la utilización de herramientas como los sandboxes regulatorios, que permiten probar soluciones innovadoras en entornos controlados antes de extenderlas a una escala mayor.
MÁS DATOS PARA TOMAR DECISIONES
Cardozo remarcó que la abundancia de información disponible no implica necesariamente mejores decisiones. El desafío será convertir esos datos en evidencia útil para medir el impacto de las medidas y ajustar las reglas cuando sea necesario.
En ese sentido, expresó la necesidad de desarrollar observatorios y herramientas capaces de analizar los efectos de las decisiones regulatorias prácticamente en tiempo real.
Según Cardozo, el regulador del futuro deberá contar con equipos más flexibles y multidisciplinarios, capaces de analizar los problemas desde perspectivas técnicas, económicas, jurídicas, sociales y comunicacionales.
La función regulatoria, explicó, no consiste solamente en reglamentar o limitar una actividad, sino en orientarla hacia un objetivo de interés público que cambia con las necesidades de la sociedad. En esa construcción deberán convivir los intereses de empresas, usuarios, trabajadores e inversores, pero también las necesidades de las futuras generaciones.





