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Colombia importa GNL: cuánto cuesta el gas y qué opciones tiene para reducir su dependencia

Un análisis del impacto de las compras internacionales, las condiciones contractuales y las alternativas para fortalecer la seguridad del abastecimiento energético colombiano.
Colombia importa GNL cuanto cuesta el gas y que opciones tiene para reducir su dependencia

La necesidad de importar gas natural licuado abre un debate sobre los costos del abastecimiento energético en Colombia y las decisiones que pueden ayudar a reducir la exposición a los mercados internacionales. En un análisis sobre comercialización y contratación, Said Cuello Gómez, profesional del sector energético con más de 18 años de experiencia liderando operaciones de Oil & Gas, planteó que la discusión no debe limitarse al precio de compra, sino que también debe contemplar la planificación del suministro y los costos asociados a toda la cadena logística.

“El GNL no tiene un precio único: su costo depende del mercado de origen, la estrategia contractual, la disponibilidad de buques, la logística y las condiciones de entrega”, explicó Cuello Gómez a Surtidores LATAM. En las compras realizadas en el mercado spot, los valores están condicionados por la oferta mundial, la demanda estacional y la competencia con otros compradores, especialmente de Asia y Europa. En períodos de mayor consumo, estos factores pueden incrementar los costos y dificultar el acceso a condiciones comerciales favorables.

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Otro aspecto que destacó el especialista es la diferencia entre el precio de referencia del gas natural y el costo del combustible importado. “Henry Hub es una referencia del precio del GN en EE.UU., no del GNL entregado en Colombia”, señaló. El valor final incluye procesos y servicios adicionales, como la licuefacción, el transporte marítimo, los seguros, la regasificación, la operación de las terminales y el transporte nacional. Por eso, utilizar Henry Hub como referencia contractual no garantiza, por sí solo, un suministro más económico.

Frente a esta situación, los contratos de largo plazo aparecen como una alternativa para mejorar la previsibilidad del abastecimiento y reducir la exposición a las compras de emergencia. Sin embargo, su conveniencia depende de las condiciones negociadas. “Un contrato largo no siempre es más económico: depende de las condiciones negociadas”, advirtió Cuello Gómez. Entre los aspectos que deben evaluarse mencionó los compromisos de volumen, las cláusulas take-or-pay, la flexibilidad para definir el destino de los cargamentos, los mecanismos de indexación y los riesgos asociados a la evolución de la demanda.

Para el especialista, el problema colombiano también tiene un componente estructural vinculado con la disponibilidad de producción nacional y el desarrollo de nuevas fuentes de suministro. “La dependencia de compras de corto plazo refleja una brecha entre la declinación de la producción nacional, el desarrollo de nuevas reservas y la infraestructura de importación”, sostuvo. Esta situación obliga a considerar no solo las condiciones del mercado internacional, sino también los tiempos necesarios para incorporar nuevos recursos al sistema energético.

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En ese escenario, los proyectos offshore, como Sirius, forman parte de las alternativas que podrían contribuir a ampliar la disponibilidad de gas nacional, aunque su aporte depende de los plazos de desarrollo y entrada en operación. Cuello Gómez también mencionó los posibles recursos provenientes de yacimientos no convencionales mediante la aplicación de fracking. Ambas opciones requieren evaluaciones específicas de viabilidad, inversión, regulación y tiempos de ejecución antes de poder determinar su contribución efectiva al abastecimiento colombiano.

El especialista consideró que el país necesita una estrategia que articule la producción nacional, las importaciones, la infraestructura disponible y las decisiones de contratación. “La seguridad energética no consiste solo en conseguir gas, sino en garantizar su disponibilidad oportuna, al menor costo total razonable y con riesgos gestionables”, afirmó. Bajo esa perspectiva, la planificación debe contemplar distintos escenarios de demanda y disponibilidad, en lugar de depender exclusivamente de operaciones de compra de corto plazo cuando aparecen necesidades de suministro.

En materia de comercialización, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la seguridad del abastecimiento, la competitividad de los precios y la flexibilidad contractual. Cuello Gómez planteó que la discusión debe considerar tanto las compras spot como los acuerdos de largo plazo, según las condiciones del mercado y las necesidades del sistema. Su análisis deja abierta una pregunta para el sector energético colombiano: ¿qué combinación de contratos, importaciones y producción nacional puede garantizar el suministro de gas con costos sostenibles en los próximos años?

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