La crisis energética global provocada por el conflicto en Medio Oriente y el cierre del Estrecho de Ormuz ya comenzó a golpear con fuerza a los mercados internacionales y Perú aparece entre los países más vulnerables de la región. Así lo advirtió José Mantilla, especialista en hidrocarburos y Gerente de Integridad Operativa de Terpel Comercial del Perú, en un análisis compartido con Surtidores LATAM, donde alertó sobre el impacto directo que este escenario tendrá sobre los empresarios del sector de combustibles.
Según explicó el experto, el bloqueo parcial del corredor marítimo por donde transita cerca del 21 por ciento del comercio mundial de hidrocarburos generó una de las mayores disrupciones petroleras de la historia moderna. Datos del Oil Market Report de mayo de 2026 de la Agencia Internacional de Energía muestran que los inventarios globales de petróleo cayeron a un ritmo récord, mientras más de 14 millones de barriles diarios quedaron fuera de operación y la producción mundial perdió 1.8 millones de barriles diarios solo en abril.
En ese contexto, los precios internacionales del crudo alcanzaron niveles de extrema volatilidad, oscilando entre los 100 y 144 dólares por barril. A esto se suma el desplome de las exportaciones de GLP a través del Estrecho de Ormuz, que pasaron de 1.5 millones de barriles diarios a apenas 270 mil barriles por día, agravando aún más la presión sobre los mercados energéticos.
Mantilla sostuvo que Perú enfrenta una situación especialmente delicada debido a su alta dependencia de las importaciones de crudo, combustibles y bases lubricantes. “Cualquier alza internacional impacta rápidamente en el mercado local”, señaló, al tiempo que recordó que la producción nacional continúa en retroceso. De acuerdo con cifras de Perúpetro, a marzo de 2026 la producción fiscalizada apenas alcanzó los 39 mil barriles diarios, lo que representa una caída del 18 por ciento frente al año anterior.
El especialista detalló además que el impacto ya se refleja en los precios internos. El diésel registró incrementos de hasta 47 por ciento en menos de un mes, las gasolinas alrededor del 40 por ciento y el GLP vehicular superó el 100 por ciento de aumento. Los lubricantes también muestran fuertes subas, encareciendo la operación de estaciones de servicio, transportistas y distintos sectores productivos.
Para el empresariado gasolinero, el escenario abre una etapa de alta presión financiera y operativa. El incremento sostenido de los costos logísticos y de abastecimiento podría afectar márgenes de rentabilidad y generar complicaciones en la cadena de suministro si el conflicto internacional se prolonga o surgen nuevas interrupciones comerciales.
A esto se suma el efecto inflacionario en cadena que, según Mantilla, ya comienza a trasladarse a alimentos, transporte, manufactura y servicios. El especialista advirtió que Perú cuenta con una capacidad limitada de respuesta frente a shocks externos debido a la falta de reservas estratégicas robustas y a la baja producción doméstica de hidrocarburos.
Finalmente, el análisis concluye que la crisis del Estrecho de Ormuz deja en evidencia la necesidad urgente de fortalecer la seguridad energética del país. Para Mantilla, Perú debe acelerar la diversificación de su matriz energética y desarrollar mecanismos de estabilidad que permitan reducir la exposición frente a futuras crisis internacionales. “La seguridad energética ya no es un tema secundario, sino estratégico. El momento de actuar es ahora”, concluyó.



















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