El acelerado avance de la industria del hidrógeno está abriendo nuevas discusiones técnicas y regulatorias en América Latina. Una de ellas gira en torno a una pregunta que hasta hace pocos años parecía resuelta: ¿debe considerarse al hidrógeno únicamente como un vector energético o también como una fuente primaria de energía? El debate cobra especial relevancia tras los recientes descubrimientos de hidrógeno geológico en distintas regiones del mundo, incluido Colombia.
Durante décadas, la definición predominante establecía que el hidrógeno era un vector energético, es decir, un portador de energía que debía ser producido mediante procesos industriales como la electrólisis del agua o el reformado de gas natural. Bajo esta visión, el hidrógeno no existía como recurso energético disponible de forma natural y, por tanto, no podía ser catalogado como una fuente primaria.
Sin embargo, este paradigma comenzó a modificarse a partir de 2022, cuando se intensificaron las investigaciones sobre el denominado hidrógeno geológico, también conocido como hidrógeno natural o blanco. Lo que inicialmente parecía una rareza detectada en Malí pasó a convertirse en un fenómeno de interés global impulsado por campañas de exploración desarrolladas en Estados Unidos, Francia, Australia y Canadá.
Según explicó Surtidores LATAM el consultor en transición energética Julio César Giraldo Ruiz, el hallazgo de acumulaciones naturales de hidrógeno en el subsuelo cambia sustancialmente la discusión conceptual. A diferencia del hidrógeno producido industrialmente, este recurso puede extraerse directamente de formaciones geológicas, de manera similar a como se obtiene el gas natural.
El especialista destaca que Colombia se convirtió en 2025 en el primer país de América Latina en confirmar la presencia de hidrógeno geológico en las cuencas de la Cordillera Oriental y Sinú-San Jacinto. Este hecho posiciona al país dentro de un grupo reducido de naciones que exploran el potencial de este recurso como una nueva alternativa energética para la transición hacia economías bajas en carbono.
Desde esta perspectiva, Giraldo considera que las regulaciones vigentes podrían estar quedando rezagadas frente a los avances científicos. A su juicio, la definición legal del hidrógeno debería ampliarse para reconocer que puede desempeñar una doble función: actuar como vector energético cuando es producido artificialmente y, al mismo tiempo, ser considerado una fuente primaria de energía cuando proviene de depósitos geológicos naturales.
La creciente atención internacional sobre este recurso también se refleja en el ámbito financiero. En 2024 fue creado el índice NatH2, un indicador que agrupa empresas vinculadas al desarrollo del hidrógeno geológico y que busca medir la evolución de este naciente mercado. Para los analistas, este tipo de iniciativas demuestra que el interés por el hidrógeno natural ya trasciende el ámbito académico y comienza a consolidarse como una oportunidad económica y energética.
Mientras varios países latinoamericanos avanzan en estrategias nacionales de hidrógeno enfocadas principalmente en la producción verde, el surgimiento del hidrógeno geológico podría obligar a revisar conceptos regulatorios y marcos normativos. La discusión planteada por Giraldo abre un interrogante que probablemente marcará los próximos años del sector energético regional: si el hidrógeno puede encontrarse de forma natural en el subsuelo, ¿es momento de redefinir oficialmente su papel dentro de la matriz energética del futuro?



















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