La transición energética avanza en Costa Rica, pero eso no significa que los combustibles líquidos estén cerca de desaparecer. Por el contrario. En un mensaje dirigido a empresarios, distribuidores y operadores reunidos en Expo Gasolineros Costa Rica, el viceministro de Energía, Ronny Rodríguez Chaves, mencionó que el país deberá convivir durante muchos años con ambas realidades: una creciente incorporación de vehículos eléctricos y una demanda que seguirá dependiendo, en gran medida, de los derivados del petróleo.
En momentos en que gran parte de la discusión pública gira en torno a la descarbonización del transporte, la autoridad energética reconoció que los cálculos realizados por el Ministerio de Ambiente y Energía muestran límites concretos para una sustitución total.
“La buena noticia es que esperamos una penetración de entre el 20 y el 30 por ciento de vehículos eléctricos para el período 2035-2040. La no tan buena es que no es posible hacer una electrificación completa del transporte solo con electricidad”, afirmó durante su exposición.
A partir de esas proyecciones, sostuvo que los hidrocarburos continuarán formando parte de la vida económica del país durante los próximos 15 o 20 años. La afirmación representó una señal de respaldo para una actividad que, mientras acompaña la incorporación de nuevas tecnologías, continúa siendo indispensable para el movimiento de mercancías, la logística y buena parte de la movilidad cotidiana.
Según recordó Rodríguez, entre el 65 y el 70 por ciento de los cerca de 200.000 terajulios que conforman la matriz energética costarricense aún provienen de fuentes asociadas al petróleo. Por eso, más que discutir una sustitución inmediata, el desafío pasa por mejorar la forma en que opera toda la cadena de abastecimiento.
En ese sentido, el representante del MINAE presentó tres líneas de trabajo que marcarán la gestión de la cartera durante este período. La primera apunta a dejar atrás procedimientos que hoy siguen dependiendo de trámites presenciales y documentación física. El objetivo es que concesiones, permisos y autorizaciones puedan gestionarse mediante plataformas electrónicas diseñadas para agilizar tiempos y reducir costos administrativos.
“Vamos a digitalizar, sí o sí, todas las plataformas de acceso para cualquiera de los procesos”, señaló. Incluso fue más allá al reconocer las limitaciones del modelo vigente: “Francamente, no entiendo cómo hemos sobrevivido con un sistema tan arcaico”.
Otra de las iniciativas está vinculada al seguimiento de los productos durante su traslado por carretera. Aunque todavía no existe una decisión definitiva sobre la tecnología a utilizar, el Ministerio trabaja en mecanismos que permitan conocer en tiempo real el recorrido de cada carga y fortalecer los controles de calidad.
“La trazabilidad es indispensable”, remarcó Rodríguez, al explicar que la medida no solo permitirá verificar desplazamientos entre distintos puntos del país, sino también ofrecer mayores garantías sobre el estado del combustible que recibe el consumidor final.
El tercer eje involucra directamente a las estaciones de servicio. La propuesta contempla la incorporación de soluciones automatizadas, la evaluación de sistemas desatendidos para aquellos establecimientos que enfrentan dificultades para contratar personal y una actualización tecnológica que acompañe las nuevas exigencias del mercado.
Más allá de los anuncios, el viceministro aprovechó el encuentro de la Cámara de Empresarios del Combustible para destacar el peso económico de una actividad que muchas veces pasa desapercibida cuando funciona correctamente.
“A veces la energía es invisible porque todo marcha bien”, comentó. Sin embargo, advirtió que cualquier interrupción en el suministro tiene consecuencias inmediatas sobre la vida diaria y la producción nacional. “Cualquier error en la cadena de suministro de combustibles paraliza el país: no se llega al trabajo, no se mueven los productos, no se llega a los puertos”, enfatizó.
Según expresaron desde la organización a Surtidores Latam, la advertencia cobra relevancia si se considera que, una vez que los productos salen de RECOPE y llegan al mercado, la actividad genera una facturación superior a los 2.500 millones de dólares anuales.






