El recrudecimiento del conflicto en torno al Estrecho de Ormuz vuelve a encender las alarmas del mercado energético internacional. El paso estratégico para el tránsito de hidrocarburos desde Medio Oriente hacia el mundo, concentra una parte sustancial del comercio global de petróleo y gas. En este contexto, el análisis de José Mantilla, Gerente de Integridad Operativa de Terpel Comercial del Perú, advierte sobre un escenario de alta volatilidad con impactos directos en múltiples industrias.
Según compartió Mantilla a Surtidores LATAM, el precio del petróleo crudo ha registrado un incremento del 80 por ciento en los últimos doce meses, impulsado en gran parte por la incertidumbre geopolítica en la región. Países como Irak, Kuwait y Qatar dependen casi exclusivamente de esta vía marítima, lo que agrava la exposición global ante cualquier interrupción del tránsito.
El Gas Natural Licuado también enfrenta un panorama crítico. El especialista detalló que el 93 por ciento del GNL de Qatar y el 96 por ciento del producido por Emiratos Árabes Unidos atraviesan el estrecho, representando cerca del 19 por ciento del comercio mundial de este recurso. Cualquier bloqueo o restricción logística impactaría de forma inmediata en los precios internacionales y en la disponibilidad del suministro.
El efecto dominó alcanza además al mercado de lubricantes. Mantilla subrayó que la paralización de la refinación en el Golfo genera una presión sin precedentes sobre las bases lubricantes de los grupos I, II y III. A esto se suman retrasos logísticos y una fuerte suba en los marcadores internacionales, complicando la cadena de abastecimiento para sectores industriales y automotrices.
Sin embargo, el impacto trasciende el ámbito energético. De acuerdo con datos del Foro Económico Mundial citados por el analista, al menos nueve materias primas críticas están en riesgo. Entre ellas se destacan los fertilizantes, con casi la mitad del comercio global comprometido, y el glicol, fundamental para industrias como la textil, refrigeración y envases, cuya escasez ya comienza a sentirse en Asia.
Otros insumos estratégicos también muestran señales de tensión. El azufre, clave para baterías y fertilizantes, enfrenta interrupciones productivas en diversas regiones, mientras que el metanol presenta niveles críticos de inventario en China. A su vez, el grafito, esencial para la fabricación de baterías de vehículos eléctricos, sufre aumentos de costos ante la falta de coque de petróleo.
El impacto se extiende a metales y gases industriales. El aluminio registra una retirada significativa de inventarios en el mercado internacional, afectando sectores como la construcción y las energías renovables. En paralelo, el helio, del cual Qatar provee un tercio del suministro mundial, podría escasear, comprometiendo industrias tecnológicas y médicas. Incluso el acero y los proyectos de hidrógeno verde evidencian frenos ante la incertidumbre.
Finalmente, Mantilla planteó una reflexión que trasciende la coyuntura: la fragilidad estructural de las cadenas de suministro globales. El analista recordó que situaciones similares ya se vivieron en América Latina, como la reciente crisis energética en Perú tras la interrupción de su principal gasoducto. En ese sentido, concluyó que la diversificación de fuentes y rutas de abastecimiento dejó de ser una estrategia opcional para convertirse en una necesidad urgente en un mundo cada vez más expuesto a disrupciones.


















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