Una carga de combustible puede parecer igual a otra, sin embargo, detrás de esa rutina cotidiana existe un factor que comienza a preocupar tanto a mecánicos como a operadores del sector energético: las consecuencias que generan los productos contaminados o manipulados sin controles adecuados.
Desde la Cámara de Empresarios del Combustible de Costa Rica expresaron a Surtidores Latam su preocupación debido al aumento de deterioros que estarían sufriendo distintos componentes mecánicos cuando el carburante presenta agua, residuos o alteraciones derivadas de malas condiciones de conservación.
El fenómeno impacta especialmente en automóviles modernos, cuyos sistemas de inyección y alimentación trabajan con niveles de precisión mucho más exigentes que años atrás. En esos casos, cualquier partícula o sedimento puede afectar el funcionamiento normal del motor y derivar en gastos elevados.
Rodrigo Bedoya, mecánico del servicentro Tournon, explicó que dentro de los talleres ya se volvió habitual encontrar daños asociados a combustibles defectuosos. “Inyectores obstruidos, desgaste prematuro en bombas y acumulación de residuos son algunas de las situaciones que con más frecuencia observamos en unidades que utilizaron productos contaminados o con inconvenientes de calidad”, afirmó.
Según indicó, gran parte de los conductores suele atribuir las fallas al uso cotidiano del automóvil sin relacionarlas con el origen del carburante cargado días o semanas antes.
Los primeros síntomas generalmente aparecen de forma gradual: pérdida de fuerza, vibraciones, dificultades durante el arranque o aumento del consumo. Aunque parezcan desperfectos menores, especialistas sostienen que muchas veces son señales tempranas de un daño más profundo.
Uno de los puntos más delicados está en los inyectores, piezas encargadas de dosificar cantidades exactas para lograr una combustión eficiente. Cuando el producto contiene humedad o suciedad, empiezan a formarse depósitos internos que alteran el desempeño del sistema.
La situación adquiere mayor gravedad en motores diésel y unidades con electrónica avanzada, donde los costos de sustitución pueden alcanzar cifras importantes debido al valor de bombas, filtros y conductos. Desde la Cámara señalaron que el problema no solo afecta la vida útil de los vehículos, sino también el gasto diario de los usuarios. Una combustión deficiente obliga al motor a exigir más carburante para recorrer la misma distancia y, al mismo tiempo, aumenta la emisión de gases contaminantes.
En otras palabras, una aparente economía al momento de elegir dónde cargar puede transformarse luego en visitas frecuentes al taller y desembolsos muy superiores. Frente a ese panorama, las estaciones de servicio formales cumplen un papel central mediante controles permanentes sobre tanques, filtrado y almacenamiento. El objetivo es garantizar que el producto llegue en condiciones óptimas al consumidor final.
Dentro de las tareas habituales aparecen inspecciones técnicas, limpieza periódica de instalaciones y monitoreo para detectar presencia de agua o sedimentos antes de que alcancen los surtidores.
Empresarios del sector sostienen que esas medidas son cada vez más necesarias debido al avance tecnológico del parque automotor. Hoy los motores trabajan con tolerancias mínimas y cualquier alteración puede provocar deterioros silenciosos que se acumulan con el paso del tiempo. Además, advirtieron que todavía persisten prácticas irregulares vinculadas al manejo informal de combustibles, especialmente en los depósitos y transporte sin supervisión adecuada.



















0 comentarios