La distribución de la demanda permite dimensionar hasta qué punto ambos combustibles continúan siendo estructurales para la economía mexicana. Así lo planteó a Surtidores, el especialista en energía, economía y proyectos Ramses Pech, quien dió a conocer una estimación sobre el consumo sectorial de ambos productos a partir de información de PEMEX, SENER, CNE e INEGI.
De acuerdo con sus cálculos, el consumo promedio observado durante 2026 alcanza unos 71.5 millones de litros de diésel por día, mientras que la gasolina llega a 138.3 millones de litros diarios.
La diferencia no está solamente en el volumen. También cambia de manera significativa el perfil de los consumidores.

En el caso del diésel, camiones y tractocamiones concentran el 60.21% de la demanda, equivalente a aproximadamente 43.1 millones de litros diarios. Los autobuses urbanos y foráneos agregan otro 11.52%, unos 8.2 millones de litros por jornada.
De esta manera, carga y transporte de pasajeros representan conjuntamente el 71.73% del consumo estimado de diésel, con alrededor de 51.3 millones de litros diarios.
El resto se distribuye entre actividades que también tienen un fuerte vínculo con la economía real. La agricultura representa 7.33%, la construcción 5.76%, la industria y manufactura 4.71% y la minería 3.66%. Ferrocarriles, marina mercante y pesca y generación de respaldo completan la estimación.
El panorama cambia cuando se observa la gasolina. Los autos particulares absorben el 72.14% del consumo, unos 99.8 millones de litros diarios. Las motocicletas representan 8.96% y el transporte ligero comercial 8.95%.

En conjunto, esas tres categorías concentran 90.05% de la demanda estimada de gasolina, mostrando el peso que tiene la movilidad liviana dentro del mercado mexicano.
La fotografía que plantea Pech permite, por tanto, diferenciar dos grandes funciones. La gasolina está estrechamente relacionada con los desplazamientos de particulares y vehículos livianos, mientras que el diésel sostiene una parte sustancial de la logística, el transporte colectivo y sectores como el agro, la construcción y la industria.
Para el especialista, esta composición también explica la dificultad de avanzar rápidamente hacia una sustitución de los combustibles fósiles. “Esta dependencia es estructural, ya que dejar ambos combustibles tomará décadas y enormes inversiones”, sostuvo.
La demanda no depende únicamente de los vehículos particulares que llegan a cargar combustible, sino también de cadenas logísticas, empresas de transporte, flotas comerciales, maquinaria y actividades productivas que requieren un suministro constante.
Una transformación de esa demanda implicaría no solamente renovar vehículos, sino también desarrollar infraestructura, redes de abastecimiento y nuevas fuentes de energía capaces de cubrir operaciones que actualmente dependen de millones de litros diarios.





