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El propano que México necesita para su GLP también está en la mira de la industria mundial

El propano que Mexico necesita para su GLP tambien esta en la mira de la industria mundial

México ya recurre al exterior para cubrir cerca del 80% de su consumo de gas licuado, mientras Estados Unidos concentra buena parte de la oferta internacional y Asia aumenta su demanda para fabricar productos petroquímicos.

El país necesita cada vez más gas licuado de petróleo proveniente del exterior, pero el desafío no termina en conseguir cargamentos. El país también debe disputar el propano con una industria petroquímica internacional que encontró en este hidrocarburo una materia prima estratégica.

La dependencia alcanzó una dimensión significativa: las compras externas se aproximan al 80% de la demanda mexicana, según el análisis presentado por Adrián Calcáneo, vicepresidente de Energy & Feedstocks – NGL & Naphtha de Chemical Market Analytics by OPIS, durante el GLP Summit 2026.

La situación expone al mercado mexicano a una combinación de factores que se determinan fuera de sus fronteras. Cotizaciones internacionales, fletes, infraestructura portuaria, disponibilidad de terminales y tipo de cambio adquieren mayor incidencia sobre el valor final del combustible.

Pero hay una variable adicional que puede ganar protagonismo, la competencia entre el consumo energético y la transformación industrial.

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El propano dejó de ser únicamente un componente destinado a cubrir necesidades energéticas. Su utilización como materia prima para obtener propileno y otros derivados convirtió al producto en un insumo relevante para la industria química.

China es uno de los principales motores de esa demanda. La expansión de las plantas de deshidrogenación de propanom incrementó las necesidades de importación y conectó todavía más los mercados asiáticos con los grandes centros exportadores.

La magnitud resulta especialmente significativa. De acuerdo con Calcáneo, el volumen de propano que China utiliza en aplicaciones petroquímicas es comparable con todo el consumo de GLP de América Latina.

El país no compite solamente con otras naciones que requieren GLP para cocinar, calefaccionar o movilizarse. También enfrenta la demanda de grandes complejos industriales capaces de absorber cargamentos para convertirlos en productos químicos.

Cuando la rentabilidad petroquímica aumenta, una mayor cantidad de propano puede dirigirse hacia esas instalaciones. Cuando los márgenes disminuyen, parte de esos volúmenes vuelve a quedar disponible para otros destinos.

En este entramado, Estados Unidos ocupa una posición dominante. El país aporta alrededor de la mitad del GLP comercializado internacionalmente y su abundante producción de líquidos asociados al gas natural fortaleció su capacidad exportadora.

REPÚBLICA DOMINICANA

Mont Belvieu, en Texas, funciona como una referencia fundamental para el comercio de propano y butano. El crecimiento de la oferta norteamericana permitió ampliar los embarques hacia Europa, Asia y América Latina, consolidando a la costa del Golfo como uno de los principales puntos de abastecimiento.

Para México, la proximidad geográfica constituye una ventaja logística, pero también profundiza la exposición frente a lo que ocurra en el mercado estadounidense.

Una variación en los inventarios, las exportaciones o los precios de referencia puede trasladarse rápidamente a los compradores mexicanos. A eso se suman los costos vinculados con transporte, almacenamiento e internación.

La experiencia de 2021 demostró el alcance de esa conexión. El fuerte incremento de las cotizaciones internacionales terminó reflejándose en distintos mercados latinoamericanos, entre ellos México, Chile y Brasil.

Según Calcáneo, la menor producción doméstica está relacionada con años de inversión insuficiente en gas natural. La disponibilidad de GLP depende, en buena medida, del procesamiento de ese hidrocarburo y de las operaciones de refinación, por lo que una oferta nacional limitada obliga a recurrir al comercio exterior.

El resultado es una estructura de abastecimiento particularmente sensible a los movimientos internacionales.

México puede contar con una demanda relativamente estable y, aun así, enfrentar variaciones importantes en sus costos si cambian las condiciones del mercado externo. El precio deja de depender únicamente de la relación entre producción y consumo domésticos.

La logística también adquiere peso. Distancias marítimas, disponibilidad de buques y restricciones en rutas estratégicas pueden alterar el valor de cada operación y modificar la conveniencia de abastecerse desde una u otra región.

El caso mexicano ofrece una señal para el resto de la región. América Latina mantiene una elevada utilización de GLP, pero varios mercados dependen de proveedores externos para cubrir una parte significativa de sus necesidades.

La particularidad es que ahora esa dependencia se encuentra atravesada por una demanda adicional: la petroquímica.

El propano puede viajar hacia una estación de servicio, un hogar o una planta industrial, pero todos esos destinos participan de una misma cadena internacional. Si la industria química asiática incrementa sus compras, si Estados Unidos modifica sus flujos de exportación o si los costos marítimos aumentan, el impacto puede trasladarse a mercados situados a miles de kilómetros.

Por ahora, la abundancia de líquidos en Estados Unidos y los inventarios elevados ofrecen un margen frente a una nueva crisis de suministro. Sin embargo, la estructura del comercio mundial muestra que esa tranquilidad depende de múltiples variables externas.

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