El mercado de los combustibles en Costa Rica se encamina a un nuevo ajuste con señales mixtas: aumentos en las gasolinas y el diésel, junto con una leve rebaja en el gas licuado de petróleo. Datos preliminares remitidos por la Refinadora Costarricense de Petróleo a la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos anticipan un escenario donde las presiones internacionales vuelven a trasladarse, aunque de forma moderada, a los precios locales, en un contexto todavía condicionado por la volatilidad energética global.
Según la estimación, el litro de gasolina súper subiría ₡5 hasta ₡633 y la regular aumentaría ₡11 para ubicarse en ₡604. El diésel registraría el mayor incremento, con ₡17 adicionales que lo llevarían a ₡530 por litro. En contraste, el cilindro de gas de 25 libras bajaría ₡6, situándose en ₡6.788 a partir de marzo. Si bien las variaciones son acotadas, reflejan la sensibilidad del esquema tarifario costarricense frente a los movimientos del mercado internacional.
El ajuste responde al comportamiento del petróleo observado entre el 10 de enero y el 12 de febrero, periodo que sirve como referencia dentro de la metodología aplicada por el regulador. De acuerdo con la presidenta de RECOPE, Karla Montero, aunque semanas previas mostraron cierta estabilidad, el mercado global continúa exhibiendo alta volatilidad y en el último mes reaparecieron presiones alcistas, particularmente en los combustibles líquidos, que son los más expuestos a cambios en inventarios, logística y tensiones geopolíticas.
Entre los factores que explican la reciente tendencia sobresale la caída de las reservas de crudo en Estados Unidos. A finales de enero, los inventarios descendieron en 3.5 millones de barriles y quedaron cerca de un 4 % por debajo del promedio de los últimos cinco años para esta época, señal de un mercado más ajustado entre oferta y demanda.
De acuerdo con los especialistas consultados por Surtidores Latam, este movimiento coincidió con mayores exportaciones estadounidenses en un escenario internacional atravesado por sanciones, reconfiguración de flujos comerciales y restricciones logísticas derivadas de una ola de frío polar que afectó la costa del Golfo.
A su vez, el aumento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán elevó la percepción de riesgo sobre posibles interrupciones de suministro desde el Golfo Pérsico, mientras que la debilidad del dólar agregó presión alcista sobre las cotizaciones internacionales. En este contexto, el crudo Brent promedió 67 dólares por barril en enero, su nivel más alto desde septiembre de 2025, consolidando un piso de precios superior al observado en los meses previos.
No obstante, una mirada interanual permite matizar el impacto del ajuste. RECOPE destacó que, pese al incremento mensual proyectado, los precios actuales continúan por debajo de los registrados un año atrás. La gasolina súper sería un 7,18 % más barata que en el mismo periodo de 2025, la regular un 9,98 % menor y el diésel un 10,47 % más económico. El cilindro de gas de 25 libras también reflejaría una reducción interanual del 11,77 %, lo que atenúa parcialmente la percepción de encarecimiento en el corto plazo.
Más allá de la variación puntual de marzo, el movimiento tarifario vuelve a poner en evidencia la fuerte dependencia de los precios locales respecto de factores externos. En economías importadoras netas de combustibles, como la de Costa Rica, la combinación de inventarios internacionales, tensiones geopolíticas, condiciones climáticas y variaciones cambiarias termina definiendo el costo final en surtidor, limitando el margen de maniobra de las políticas internas.
Diversos análisis anticipan que durante 2026 la oferta mundial de petróleo podría superar la demanda, permitiendo una acumulación progresiva de inventarios y una moderación gradual de los precios. De concretarse ese escenario, el Brent promediaría alrededor de 58 dólares por barril en 2026 y cerca de 53 dólares en 2027, configurando un entorno potencialmente más favorable para los países importadores.















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