Un informe de Montamat & Asociados compara los precios en el surtidor con lo que costaría traer combustibles del exterior y comercializarlos en el país. La brecha es mayor en el gasoil.
Los precios de los combustibles en la Argentina muestran una distancia creciente frente a la paridad de importación. El Informe Energético de la consultora Montamat & Asociados ubica esa brecha en un 10 por ciento para la nafta súper y en un 25 por ciento para el gasoil grado 2. El diagnóstico refleja que las subas internacionales no se trasladaron con la misma intensidad a los surtidores locales.

¿Qué significa la paridad de importación? Es una referencia que estima cuánto costaría comprar combustible elaborado en el exterior y ponerlo a disposición del mercado argentino. Parte de la cotización internacional del producto y contempla los gastos necesarios para traerlo y comercializarlo, como transporte, seguros y logística. Para compararla con el surtidor, se consideran también los impuestos y los componentes correspondientes a esa etapa de venta.
En términos simples, permite contrastar lo que paga el cliente con un precio de referencia basado en abastecerse desde afuera. No equivale a la cotización del barril de petróleo: se refiere al combustible ya refinado. Tampoco representa necesariamente el costo de producir ese mismo litro en una refinería argentina.
En nafta súper, el informe presenta una paridad de USD 1,62 por litro frente a un precio promedio nacional en surtidor de USD 1,46. La diferencia es de 16 centavos de dólar y sitúa al valor interno alrededor de un 10 por ciento por debajo de esa referencia. En la nafta grado 3, la distancia es menor: USD 1,67 de paridad contra USD 1,64 en surtidor, una brecha cercana al 2 por ciento.
El mayor desfasaje aparece en el gasoil. Para el grado 2, la consultora calcula una paridad de importación de USD 2,13 por litro, mientras que el precio local se ubica en USD 1,59. Son 54 centavos de diferencia. En el grado 3, la referencia internacional alcanza USD 2,23 y el valor en las estaciones es de USD 1,75, con una distancia de 48 centavos que el documento resume en un 21 por ciento.


Un punto resulta clave para interpretar esos porcentajes: estar un 25 por ciento por debajo de la paridad no significa que alcance una suba del 25 por ciento para igualarla. Con los valores publicados para el gasoil grado 2, pasar de USD 1,59 a USD 2,13 requeriría un incremento cercano al 34 por ciento, si la referencia permaneciera constante. Es una relación matemática, no una proyección de aumentos.

Al respecto, el exsecretario de Energía, Daniel Montamat, atribuye la ampliación de las diferencias al esquema de amortiguación o “buffer” adoptado para los precios internos. Ese mecanismo suaviza el traslado de las variaciones externas. En gasoil, el informe vincula la mayor brecha con el fuerte encarecimiento internacional del producto.
Para el abastecimiento, la distancia importa porque una compra externa puede resultar más difícil de recuperar mediante la venta local. Sin embargo, la brecha por sí sola no demuestra que vaya a faltar combustible ni permite anticipar una corrección inmediata: también intervienen la producción nacional, las necesidades de importación y las decisiones comerciales.





