La digitalización de las Estaciones de Servicio ya no se limita a controlar el combustible vendido, registrar operaciones o consultar los movimientos de caja desde una computadora. La incorporación de inteligencia artificial abre una nueva etapa en la que los sistemas pueden analizar múltiples variables, identificar oportunidades comerciales y ejecutar decisiones sin depender de una intervención humana permanente.
Para Gastón Favereau, Managing Director de ATIO International, el cambio está en la capacidad de pasar del análisis a la acción. Mientras que los sistemas tradicionales operan a partir de reglas definidas previamente, las nuevas herramientas pueden evaluar grandes volúmenes de información y responder a situaciones cambiantes.
En diálogo con Surtidores, el ejecutivo sostuvo que estas capacidades ya están disponibles y comienzan a tener aplicaciones concretas en el negocio de los combustibles, aunque su adopción en el sector todavía avanza de manera gradual.

De las reglas predefinidas a las decisiones autónomas
La evolución se entiende mejor al observar cómo cambió la gestión de precios. Favereau recordó que hace casi tres décadas participó, junto con YPF, en la implementación de un proyecto denominado Red 21, que permitía modificar prácticamente en tiempo real los precios de venta en distintas estaciones de servicio.
La herramienta contemplaba situaciones específicas para adaptar la estrategia comercial. Una sucursal ubicada sobre una avenida podía aplicar una política diferente durante las horas pico según el sentido del tránsito, mientras que otra podía ofrecer precios especiales durante la noche o modificar sus valores en función de un acontecimiento cercano.

La lógica era establecer anticipadamente las condiciones y las respuestas correspondientes. Si se producía determinada situación, el sistema aplicaba la regla prevista.
La inteligencia artificial permite avanzar más allá de ese esquema. Según Favereau, los sistemas pueden considerar información sobre el tránsito, la ubicación y otras variables para ajustar las decisiones comerciales con un nivel de detalle que antes resultaba mucho más difícil de alcanzar.
El ejecutivo ejemplificó que una modificación mínima del precio por litro puede tener consecuencias sobre el resultado acumulado cuando se multiplica por grandes volúmenes de venta. La posibilidad de analizar esos márgenes, probar distintas estrategias y modificar su aplicación según las circunstancias amplía las herramientas disponibles para los operadores.
La misma lógica puede trasladarse a las promociones. Una estación podría reducir temporalmente sus precios y enviar una notificación con un descuento a los usuarios de una aplicación que se encuentren dentro de su área de influencia. En lugar de lanzar una campaña general, el sistema podría orientar la acción hacia clientes con mayores posibilidades de utilizarla.

Convertir los datos en rentabilidad
La disponibilidad de estas herramientas no significa que todas las estaciones estén preparadas para aprovecharlas. Favereau señaló que, históricamente, la información sobre el consumo de combustibles no siempre se conservó con el detalle necesario para construir grandes bases de datos.
Esa limitación importa porque la inteligencia artificial necesita información de calidad para reconocer patrones, comparar períodos y detectar comportamientos que se apartan de lo habitual. Sin registros suficientes, las posibilidades de análisis y optimización se reducen.
Una estación de servicio que se puede gestionar a distancia
La transformación también alcanza las tareas cotidianas. Favereau explicó que el propietario puede consultar desde un teléfono o una computadora lo que sucede en su establecimiento y, cuando el sistema lo permite, intervenir ante situaciones excepcionales, como una diferencia de caja que requiere autorización.
Sin embargo, advirtió que todavía no se observa un aprovechamiento generalizado de todas las posibilidades que ofrece la tecnología entre los propietarios de estaciones y los grupos operadores.
La prioridad del estacionero sigue siendo resolver con eficiencia las necesidades centrales del negocio: atender rápidamente al cliente, completar la operación de venta y evitar diferencias en los cobros, las tarjetas y el manejo del efectivo. Las herramientas digitales tienen que contribuir a esos objetivos sin sumar complejidad innecesaria.





