Chevron evalúa retirarse de uno de los proyectos de exploración petrolera offshore más importantes de Perú, menos de un año después de su ingreso formal al país. La compañía estadounidense habría comunicado a Perúpetro su intención de abandonar los lotes Z-61, Z-62 y Z-63, ubicados frente a las costas de Lambayeque y La Libertad. Hasta el momento, la información no fue confirmada públicamente por Chevron ni por Perúpetro, por lo que se trata de una decisión reportada y aún pendiente de una comunicación oficial.
Los tres bloques integran la Cuenca Trujillo y abarcan aproximadamente 1,98 millones de hectáreas, en aguas con profundidades de entre 100 y 2.400 metros. Chevron posee una participación del 35% en el consorcio, mientras que Anadarko Perú mantiene la operación con otro 35% y Westlawn Perú participa con el 30% restante. La incorporación de la petrolera estadounidense había sido autorizada por el Gobierno peruano en 2025, cuando el país buscaba atraer capital internacional hacia nuevas áreas de exploración.
El proyecto ya había avanzado en una etapa de alto valor para determinar su potencial geológico. Entre mayo y julio de 2024 se realizó un levantamiento de 6.018 kilómetros cuadrados de sísmica marina 3D, considerado por Perúpetro como el mayor estudio de estas características realizado en la costa del Pacífico. Los datos obtenidos debían permitir identificar estructuras con potencial hidrocarburífero y seleccionar los objetivos para una eventual perforación exploratoria.
Precisamente, la perforación constituye ahora uno de los puntos centrales. Los compromisos exploratorios contemplaban la ejecución de pozos en los distintos bloques, una instancia que demanda inversiones significativas y que todavía implica un elevado riesgo geológico. Por eso, una eventual salida de Chevron se produciría antes de que el proyecto alcance la etapa capaz de confirmar si las estructuras identificadas pueden transformarse en reservas comercialmente explotables.
La expectativa oficial alrededor de estos lotes había sido considerable. En 2025, desde el Ministerio de Energía y Minas se señaló que, si la exploración confirmaba la existencia de un gran yacimiento, la Cuenca Trujillo podría alcanzar eventualmente una producción del orden de 250.000 a 300.000 barriles diarios. Se trata de una proyección condicionada al éxito exploratorio y no de una producción asegurada, pero permite dimensionar la importancia que las autoridades atribuyeron al proyecto.
De acuerdo con la información difundida sobre la estrategia internacional de Chevron, la compañía estaría priorizando activos capaces de alcanzar producción en plazos más cortos. En ese escenario, Perú enfrenta una dificultad propia de los proyectos offshore: requiere grandes desembolsos durante varios años antes de conocer con certeza el tamaño y la viabilidad comercial de los recursos. Para una compañía internacional, la asignación de capital entre proyectos exploratorios y activos que ya producen puede modificar rápidamente las prioridades de inversión.
Para los empresarios de estaciones de servicio, el impacto de una eventual salida debe analizarse con precisión. Los lotes Z-61, Z-62 y Z-63 todavía no producen petróleo ni gas, por lo que un eventual retiro de Chevron no implica una caída inmediata del abastecimiento de combustibles en los grifos peruanos ni modifica en el corto plazo la oferta disponible en el mercado minorista. El efecto sería principalmente estratégico y de mediano plazo, porque el proyecto estaba asociado a la posibilidad de incorporar nuevas reservas nacionales y reducir la dependencia de fuentes externas.
Ahora, la atención queda puesta en Perúpetro y en los demás integrantes del consorcio. Si Chevron formaliza su salida, deberá definirse cómo continúa el programa exploratorio y qué destino tendrá su participación. Para el mercado de combustibles peruano, el episodio vuelve a poner sobre la mesa un desafío estructural: atraer inversiones capaces de transformar el potencial geológico en producción efectiva. Para las Estaciones de Servicio, esa diferencia resulta fundamental, porque entre descubrir un recurso, convertirlo en reservas y disponer finalmente de barriles para abastecer el mercado existe un proceso de varios años y con inversiones de alto riesgo.






















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