La frontera entre Cúcuta y Venezuela vuelve a quedar en el centro de la escena energética regional, marcada por una creciente preocupación del sector minorista ante el avance del combustible ilegal. Un boletín económico del gremio Somos Uno, compartido a Surtidores LATAM, evidencia caídas en las ventas formales, especialmente en zonas limítrofes, donde el mercado informal gana terreno.
En particular, la ciudad fronteriza registra una de las contracciones más fuertes del país. Según el informe, las ventas de gasolina corriente en Cúcuta cayeron un 12,03%, mientras que el ACPM mostró un descenso aún más pronunciado del 24,50%. Esta dinámica contrasta con otras regiones donde los precios o la demanda se mantienen más estables, y refleja una problemática estructural asociada al contrabando.
Empresarios del sector coinciden en que el fenómeno no es nuevo, pero sí se ha intensificado en los últimos meses. Los propietarios de Estaciones de Servicio advirtieron a este medio que la comercialización ilegal de combustible, principalmente de origen venezolano o de circuitos irregulares, se realiza abiertamente en calles y zonas de alto tránsito, afectando directamente la competitividad del canal formal.
De acuerdo con testimonios recogidos, el combustible ilegal se vende a precios considerablemente más bajos, lo que genera una competencia desleal. En muchos casos, este producto es distribuido por los llamados “pimpineros”, quienes lo almacenan en recipientes improvisados y lo ofrecen directamente al consumidor final en la vía pública.
La situación también tiene un componente visual y sanitario que preocupa a los actores del sector. Según relatan empresarios, se trata de una gasolina más oscura, manipulada sin controles de calidad ni condiciones adecuadas de almacenamiento, lo que incrementa los riesgos tanto para los vehículos como para los usuarios.
El origen del problema está estrechamente vinculado a la dinámica histórica de la frontera. Durante décadas, el flujo de combustible entre ambos países ha variado según los precios y la disponibilidad. Hoy, las distorsiones económicas y la diferencia de valores entre mercados vuelven a incentivar el contrabando, facilitado por la porosidad de los pasos fronterizos y la existencia de redes informales.
A esto se suma la falta de controles efectivos en el espacio urbano. Los empresarios denuncian que la venta ilegal ocurre, según relataron “a plena vista”, sin una intervención contundente por parte de las autoridades, lo que agrava la caída de las ventas formales y pone en riesgo la sostenibilidad de las Estaciones de Servicio en la región.
En este contexto, el caso de Cúcuta se consolida como un ejemplo crítico de cómo el mercado ilegal puede distorsionar completamente el sector energético minorista. Mientras persistan las brechas de precios y la débil fiscalización, el contrabando de combustibles seguirá siendo un factor determinante en la economía de frontera.


















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