La posibilidad de pagar el combustible con tarjeta vuelve a quedar en duda en República Dominicana. La Asociación Nacional de Detallistas de Gasolina advirtió que podría retirar los verifones de las Estaciones de Servicio afiliadas y suspender las operaciones con tarjetas de crédito y débito, como respuesta al impacto que tienen las comisiones bancarias sobre la rentabilidad del negocio.
El planteo fue formulado por Juan Elías Pérez, presidente de la entidad, quien sostuvo que los operadores ya no están en condiciones de seguir absorbiendo esos costos. Según explicó, los bancos y las empresas procesadoras cobran entre 1,95 y 3 por ciento sobre el valor total de cada transacción.
El problema, señaló, es que esa comisión no permanece estable, sino que aumenta automáticamente cada vez que sube el precio del combustible. Aunque el margen reconocido al expendedor se mantenga prácticamente sin modificaciones, el costo financiero se calcula sobre el importe completo abonado por el consumidor.

De acuerdo con las estimaciones de ANADEGAS, por cada galón vendido mediante tarjeta las entidades financieras reciben entre siete y ocho pesos dominicanos. La cifra representa una porción considerable del margen bruto de aproximadamente RD$25 que obtiene el operador, antes de descontar salarios, electricidad, seguridad, mantenimiento, impuestos y el resto de los gastos propios de una estación.
En otras palabras, el pago electrónico puede quedarse con más de una cuarta parte del ingreso bruto generado por la comercialización de cada galón. Para Pérez, el esquema “prácticamente aniquila” al sector detallista, especialmente en un contexto en el que las estaciones tienen poco margen para trasladar costos o modificar el precio final por su cuenta.
La asociación calcula que el conjunto de los expendedores destina alrededor de RD$6.000 millones anuales al pago de estas comisiones. Desde la mirada del gremio, se trata de recursos que salen directamente de la rentabilidad de las estaciones y que podrían utilizarse para sostener empleos, mejorar instalaciones o realizar nuevas inversiones.
La advertencia alcanza a las 780 Estaciones de Servicio representadas por ANADEGAS en todo el país. La intención es que, si finalmente se adopta la medida, la desconexión de los verifones se produzca de forma conjunta. Incluso desde la entidad consideran que operadores no afiliados podrían acompañar la protesta.
No es la primera vez que el conflicto llega a este punto. A comienzos de julio, ANADEGAS había anunciado el retiro de las terminales electrónicas, pero luego suspendió la decisión y aceptó una instancia de diálogo promovida por el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes y el Instituto Nacional de Protección de los Derechos del Consumidor.

En aquel momento, las estaciones continuaron aceptando tarjetas mientras se buscaba una salida con representantes del Gobierno y del sistema financiero. Entre las alternativas planteadas apareció la posibilidad de reemplazar el porcentaje aplicado sobre el valor de la compra por una tarifa fija equivalente a RD$0,30 por galón.
Sin embargo, la nueva advertencia refleja que el reclamo continúa sin una solución definitiva. Para los detallistas, no alcanza con reducir parcialmente el porcentaje: el objetivo es establecer un modelo que contemple que los combustibles son productos regulados, de alta rotación y márgenes acotados.
El eventual retiro de los equipos tendría consecuencias inmediatas para los consumidores. Quienes habitualmente pagan con tarjetas tendrían que recurrir al efectivo u otros medios habilitados por cada establecimiento. También podría afectar a empresas, transportistas y trabajadores que utilizan tarjetas corporativas para controlar y ordenar sus consumos.
A eso se suma una preocupación operativa. El regreso masivo al efectivo incrementaría la cantidad de dinero disponible en las estaciones, con mayores costos de traslado, custodia y seguridad. Por eso, los propios expendedores reconocen que abandonar los pagos electrónicos no es la alternativa más conveniente, pero la presentan como una medida de presión ante la falta de respuestas.





