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Opinión

Cargadores, GNC o surtidores para líquidos: ¿Qué deben evaluar las Estaciones de Servicio antes de invertir?

Especialistas advierten que la transición energética tendrá distintos ritmos y que anticipar el fin de los combustibles puede resultar tan costoso como llegar tarde a las nuevas formas de movilidad.
Cargadores GNC o surtidores para liquidos que deben evaluar las Estaciones de Servicio antes de invertir

Una inversión en tanques, surtidores, instalaciones de GNC o cargadores eléctricos no se decide pensando en el próximo aumento de precios, sino en los años que demandará recuperar el capital. Para las Estaciones de Servicio, equivocarse sobre la velocidad de la transición energética puede resultar tan costoso como no prepararse para ella.

El interrogante va más allá de cuándo disminuirá la demanda de naftas y gasoil. Los operadores deben decidir si continúan invirtiendo en el negocio tradicional, si destinan recursos a nuevas formas de movilidad o si preparan sus establecimientos para una convivencia prolongada entre distintas energías.

Marcos Rupérez, especialista español en ingeniería de hidrógeno y combustibles sintéticos, planteó este debate en una columna de opinión enviada a Surtidores bajo el título “El petróleo no miente. El relato sí”.  El experto cuestiona especialmente el discurso que presenta el declive del petrolero como el resultado inevitable de una transición hacia tecnologías superiores y completamente independientes de los fósiles. 

Frente a esa interpretación, propone observar la composición del crudo, las diferencias entre sus derivados, el esfuerzo creciente que requiere sostener la producción y la dependencia que todavía mantienen el transporte, la industria y hasta las propias energías renovables de materiales y maquinarias vinculados con el petróleo.

Para Rupérez, esa distancia entre el relato y la realidad material condiciona la percepción social del sector y puede influir en decisiones de inversión que deberán sostenerse durante varias décadas.

La Estación de Servicio ocupa un lugar particular dentro de esa discusión. Es el último eslabón de una extensa cadena y el único con el que el consumidor interactúa de manera cotidiana. Allí ve el precio, paga el combustible y dirige sus reclamos, aunque el operador no determine el valor del crudo, el tipo de cambio, la carga impositiva ni las condiciones de refinación.

“La sociedad en su conjunto no comprende cómo funcionan los flujos de materia, energía y productos”, sostuvo. A su entender, buena parte de la reacción pública recae sobre la empresa o el establecimiento que el consumidor reconoce, mientras permanecen fuera de su mirada los procesos anteriores y las compañías que no tienen exposición comercial directa.

Fernando Rolando, gerente de FECRA, trasladó esa discusión al mercado argentino, donde los precios los establecen las compañías petroleras y remarcó que algunas de ellas poseen refinerías y producción propia, mientras que el precio final también depende de otras variables. “La materia prima —en este caso, petróleo crudo—, el tipo de cambio, ya que se comercializa en dólares, los impuestos y los biocombustibles forman parte de la mezcla. Por lo tanto, las estaciones no tenemos injerencia en el precio de los combustibles”, afirmó.

Para Rupérez, esa falta de conocimiento no se limita a la formación de los precios. También atraviesa la manera en que se presenta la transición energética. Su columna cuestiona la idea de que una eventual caída del consumo petrolero responderá exclusivamente a una elección voluntaria impulsada por alternativas más eficientes y advierte que también deben analizarse las dificultades crecientes para sostener la oferta.

El especialista no niega el impacto ambiental de los combustibles fósiles ni el cambio climático. Su planteo apunta a que la sustitución será más compleja que reemplazar surtidores por cargadores.

“La transición energética, tal y como existe hoy, sigue naciendo de vosotros antes de poder prescindir de vosotros”, escribió al dirigirse al sector. Desde esa perspectiva, la reducción del petróleo como combustible no implicaría necesariamente su desaparición como materia prima ni la pérdida inmediata de la función que cumplen las Estaciones de Servicio.

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UNA TRANSICIÓN QUE SUMA ENERGÍAS

Rupérez considera que las transiciones anteriores no eliminaron por completo las fuentes que las precedieron, sino que incorporaron nuevas alternativas sobre consumos que continuaron creciendo. La madera fue acompañada por el carbón; después se sumaron el petróleo y el gas natural. Por eso sostiene que todavía debe demostrarse que la actual transformación será capaz de desplazar, y no solamente complementar, a los combustibles tradicionales.

Desde ese razonamiento opinó que “el horizonte para las Estaciones de Servicio es relativamente bueno”, aunque su actividad necesariamente deberá modificarse. En el caso argentino, destacó que la producción petrolera continúa creciendo y que la electrificación avanza con mayor lentitud que en otros mercados.

También señaló una limitación que suele quedar fuera de los anuncios sobre electromovilidad: el acceso a un espacio propio donde cargar el vehículo. Para el especialista, el automóvil eléctrico ofrece una solución favorable para trayectos relativamente cortos y usuarios que pueden realizar cargas lentas en sus viviendas, pero presenta mayores dificultades para quienes estacionan en la vía pública o dependen de infraestructura rápida.

Rupérez advirtió que esta desigualdad puede generar resistencia cuando la transición se presenta mediante soluciones a las que no todos pueden acceder. En consecuencia, las Estaciones de Servicio conservarían una función territorial relevante tanto para abastecer combustibles como para acercar nuevas energías a quienes no puedan resolver la carga dentro de sus hogares.

La posibilidad de interpretar prematuramente que el petróleo dejó de tener futuro también puede condicionar las inversiones. “Existe el riesgo, claro que existe el riesgo”, respondió al ser consultado sobre la posibilidad de que los operadores posterguen proyectos que todavía serán necesarios durante varias décadas.

Rolando coincidió en que el sector atraviesa una etapa de cambios, marcada por vehículos más eficientes, el crecimiento de los modelos híbridos y eléctricos y la aparición de alternativas como el GNC para el transporte público y de cargas. Sin embargo, señaló que esas transformaciones conviven con la incorporación de millones de personas al consumo y con una demanda energética mundial que continúa expandiéndose.

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A esa ecuación añadió la incidencia de los conflictos internacionales. “Un dato no menor y soslayado por la nota son las guerras que afectan a grandes productores de gas y petróleo, lo cual impone precios de un 40 por ciento mayor al de unos meses atrás, por el conflicto en Ormuz y Rusia-Ucrania”, expresó el dirigente.

Frente a ese escenario, no propone que los estacioneros elijan entre defender los combustibles tradicionales o apostar todo a una única tecnología. La orientación es ampliar progresivamente la oferta y capturar las diferentes formas de movilidad que vayan ganando participación.

“Creemos que debemos diversificarnos y capturar todas las alternativas de movilidad. Hoy tenemos buena cobertura con el GNC y creo que es la primera alternativa en Argentina, porque tenemos la tercera reserva mundial de gas y hay una política de Estado para sumar transporte público y de carga en ese segmento”, manifestó Rolando.

De esta manera, sostuvo que la red argentina se encuentra preparada para acompañar una mayor utilización del GNC. La carga eléctrica, en cambio, necesitará inversiones importantes en generación y distribución para alcanzar todo el territorio y garantizar un servicio confiable, especialmente en zonas donde el sistema todavía presenta dificultades para atender la demanda residencial.

Así, la decisión que marcará las próximas décadas no parece reducirse a abandonar los surtidores o instalar cargadores. Para los propietarios de Estaciones de Servicio consistirá en determinar cuándo, dónde y cuánto invertir en cada alternativa, sin desatender una demanda de combustibles que continuará presente ni quedar afuera de las nuevas formas de movilidad.

El riesgo opera en ambas direcciones: aferrarse a un único producto puede dejar al negocio rezagado, pero anticipar el final del petróleo podría llevar a desatender instalaciones y servicios que todavía deberán sostener buena parte del transporte argentino. La transición, al menos por ahora, no elimina a la Estación de Servicio: amplía las decisiones que deberá tomar.

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