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Mientras suben los combustibles, crece el consumo de la carga eléctrica en las Estaciones de Servicio

Con precios del diésel y la gasolina en alza, la movilidad eléctrica ya genera ahorros por USD 1.000 millones anuales en la región y abre un nuevo frente para el downstream.
Ahorro vehículo eléctrico

La volatilidad del mercado energético global volvió a golpear a América Latina y el Caribe en un punto sensible, su alta dependencia de los combustibles fósiles. Con precios del diésel y la gasolina que ya promedian los USD 1.30 por litro, el impacto no solo se refleja en los surtidores, sino también en la estructura de costos de toda la economía. Sin embargo, comienza a consolidarse un fenómeno que cambia las reglas de juego.

De acuerdo con los datos de OLACDE compartidos a Surtidores Latam, la flota eléctrica en la región permite evitar un gasto cercano a los USD 1.000 millones anuales en consumo energético, lo que equivale a USD 2.7 millones diarios que no se destinan a combustibles fósiles. El dato adquiere mayor relevancia ante la situación geopolítica que presiona al alza los precios del crudo y, con ello, a toda la cadena de valor.

Ante esto, la organización sostuvo que un vehículo eléctrico puede ser hasta cinco veces más eficiente que uno de combustión interna, lo que se traduce en ahorros de hasta el 81% por kilómetro recorrido en el caso de los automóviles livianos. En términos anuales, esto implica un diferencial de USD 2.018 frente a un vehículo a gasolina bajo las condiciones actuales.

Si los combustibles aumentaran un 50%, el ahorro anual por automóvil eléctrico podría escalar a USD 3.308, ampliando significativamente la brecha. Este comportamiento se explica, en gran medida, por la estabilidad relativa del precio de la electricidad, que en la región se ubica en torno a USD 0.15 por kWh para autos y USD 0.13 por kWh para buses.

Cada bus eléctrico genera un ahorro anual de alrededor de USD 26.000 frente a su equivalente diésel, cifra que podría trepar a USD 48.750 en un escenario de suba del 50% en los combustibles. Para las cuentas fiscales de ciudades y gobiernos, se trata de una variable cada vez más difícil de ignorar.

Actualmente, América Latina y el Caribe cuenta con aproximadamente 8.000 buses eléctricos y 400.000 vehículos livianos electrificados. Bajo este parque, un incremento del 40% en los combustibles no solo no deteriora el escenario económico, sino que amplifica los beneficios de la transición: el ahorro total regional podría incrementarse hasta un 122%.

Ante los conflictos mundiales, el impacto comienza a trasladarse al negocio del downstream. En diálogo con Surtidores, Mathias Álvarez, CEO de MA Group y consultor del sector automotriz, advirtió que las Estaciones de Servicio están llamadas a cumplir un rol central en la expansión de la red de carga eléctrica, aunque bajo una lógica completamente distinta a la actual.

“El modelo cambia radicalmente. Ya no es cargar en cinco minutos e irse. Una carga rápida puede llevar 30 o 45 minutos, y ahí la estación tiene una oportunidad de oro”, explicó. En ese tiempo, servicios como cafetería, minimercado, conectividad o espacios de descanso pasan a ser determinantes para capturar valor.

Desde su perspectiva, el cambio de paradigma no implica necesariamente una pérdida de negocio, sino una transformación en la forma de monetizar al cliente. El usuario de un vehículo eléctrico deja de ser un consumidor de paso para convertirse en un visitante con mayor tiempo de permanencia, lo que abre nuevas oportunidades comerciales dentro del punto de venta.

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