El mercado internacional de petróleo volvió a cruzar una barrera que puede tener consecuencias directas sobre el negocio de los combustibles. El Brent, referencia para buena parte del comercio mundial, cerró este miércoles en US$ 101.21 por barril, luego de avanzar US$ 3.29 en la jornada y tocar un máximo intradiario de US$ 101.58.
El WTI estadounidense también registró una fuerte suba y terminó en US$ 96.05, con un incremento de 3.25%. Ambos contratos alcanzaron sus valores de cierre más altos desde el 22 de mayo.
El movimiento vuelve a colocar al petróleo por encima de los US$ 100 en un momento especialmente sensible para los mercados de combustibles. La escalada del conflicto en Medio Oriente está afectando nuevamente el tránsito marítimo y elevando la incertidumbre sobre la disponibilidad de crudo y derivados.
El salto del Brent no responde únicamente a una reacción financiera. Los flujos físicos de petróleo desde el Golfo continúan por debajo de los niveles previos al conflicto y el tránsito por el estrecho de Ormuz volvió a reducirse significativamente.

Según datos analizados por Reuters, las exportaciones de petróleo del Golfo se ubican actualmente entre 15 y 16 millones de barriles diarios, aproximadamente dos tercios de los volúmenes anteriores a la guerra. Vortexa estimó que durante agosto los embarques alcanzaron unos 15 millones de barriles diarios, todavía 10 millones por debajo de los niveles previos al conflicto.
El estrecho de Ormuz resulta determinante para el mercado energético mundial. Por allí circulaba antes de la guerra aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas comercializado globalmente. En los últimos días, los flujos volvieron a caer por debajo de los 2 millones de barriles diarios.
Para los operadores de combustibles, esta situación es especialmente relevante porque una interrupción prolongada no solamente encarece el barril de crudo. También puede elevar el costo de las gasolinas y el diésel que llegan al mercado internacional.
La presión sobre los combustibles terminados es uno de los elementos que puede complicar todavía más el escenario para las estaciones de servicio.

Los consumidores estadounidenses están pagando actualmente el equivalente a unos US$ 4.22 por galón de gasolina, mientras el diésel se acerca a US$ 6 por galón. El mercado físico de crudo también muestra valores superiores a los US$100 desde comienzos de setiembre.
Esto significa que el costo internacional de abastecimiento puede aumentar incluso con mayor velocidad que la cotización del barril. Cuando se combinan una menor disponibilidad de petróleo, dificultades logísticas y restricciones en las refinerías, el impacto sobre los productos terminados puede ser más pronunciado.
El mercado paraguayo llega a esta nueva escalada después de que Petropar aumentara G. 300 por litro sus combustibles a mediados de agosto. La explicación estuvo vinculada al incremento de las cotizaciones internacionales y su impacto sobre los costos de reposición.
El ajuste llevó el Diésel Porã a G. 8.290 por litro, mientras la Nafta Kape 88 pasó a G. 6.990, la Oikoite 93 a G. 7.490 y la Aratiri 97 a G. 8.840.
El nuevo salto internacional vuelve a colocar bajo observación la evolución de las próximas compras. La referencia ya no es solamente el precio que registra el petróleo en una jornada determinada, sino cuánto tiempo permanece elevado y cómo se comportan simultáneamente las cotizaciones de las gasolinas y el diésel.
Un aumento sostenido del gasoil impacta sobre el transporte de cargas, la distribución y las actividades productivas, mientras que las naftas tienen una incidencia directa sobre los costos de movilidad.
Por eso, la evolución del petróleo vuelve a ser seguida también desde el frente inflacionario. El riesgo aumenta si los valores elevados dejan de responder a un movimiento puntual y pasan a mantenerse durante varias semanas.





