Aunque México cuenta con importantes reservas de gas shale y busca fortalecer su seguridad energética, el aprovechamiento de esos recursos sigue sin consolidarse. Para el especialista energético Ramses Pech, el principal desafío no radica en la disponibilidad del recurso ni en la capacidad técnica para explotarlo, sino en las condiciones bajo las cuales se pretende desarrollar la actividad.
“El problema no es si México debe conservar la soberanía sobre sus recursos, sino cómo diseñar un contrato que haga viable el capital privado sin convertirlo en dueño del subsuelo”, sostuvo el consultor en diálogo con Surtidores Latam.
El experto consideró que los contratos mixtos vigentes fueron concebidos para campos convencionales y no para yacimientos no convencionales, cuya explotación mediante fracturamiento hidráulico demanda inversiones significativamente mayores y horizontes de recuperación más extensos.
Entre las principales limitantes se identifican el tope para recuperar costos, el escaso margen económico para los operadores privados, la imposibilidad de registrar reservas bajo estándares internacionales, la incertidumbre jurídica y la falta de infraestructura necesaria para respaldar proyectos de gran escala. A ello se suma el riesgo financiero asociado a PEMEX como contraparte, un elemento que, a su juicio, incrementa el costo del capital.
Frente a ese diagnóstico, Pech propuso sustituir el esquema vigente por una licencia híbrida que combine regalías variables, recuperación flexible de costos, estabilidad jurídica y un fideicomiso que garantice los pagos. El objetivo es distribuir de forma más equilibrada los riesgos entre el Estado y el inversionista, manteniendo la propiedad de los recursos en manos de la Nación.
La iniciativa incorpora una regalía deslizante que aumenta o disminuye según el precio internacional del gas y el contenido de líquidos del yacimiento. De esa manera, cuando las cotizaciones bajan, el proyecto mantiene viabilidad económica; cuando mejoran, también crece la participación estatal en la renta generada.
El especialista expresó además que el reconocimiento de los costos reales de cada desarrollo resulta indispensable para financiar proyectos de shale, donde cada pozo presenta condiciones geológicas y operativas diferentes.
“México no necesita copiar un modelo extranjero; necesita adaptar mejores prácticas a su arquitectura energética”, señaló.
Para Pech, la oportunidad continúa vigente, pero dependerá de generar reglas capaces de ofrecer certidumbre a las inversiones de largo plazo. De lo contrario, concluyó, el shale mexicano seguirá representando un importante potencial geológico, aunque sin traducirse en producción comercial ni en una mayor seguridad energética para el país.





















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