El último informe “Panorama energético de América Latina y el Caribe 2025” de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía mostró una paradoja energética. El país mantiene una matriz eléctrica casi 100% renovable, pero su sector transporte, que concentra el 37% del consumo final, impulsa un fuerte crecimiento en la demanda de combustibles líquidos.
De acuerdo con el informe, al cual accedió Surtidores Latam, el consumo final de energía en Paraguay creció 10.9% en 2024. Sin embargo, el dato más relevante para el mercado es que el consumo de derivados del petróleo aumentó 13.4%, acompañado por un incremento en las importaciones de combustibles.
Las compras externas de gasolina crecieron 34.9%, mientras que el diésel aumentó 9.4%. En un contexto de caída de exportaciones eléctricas por la sequía que afectó la generación hidroeléctrica, Paraguay debió ajustar su balanza energética con mayor volumen de productos refinados.
Para las Estaciones de Servicio, este escenario implica mayor dinamismo en el corto plazo, especialmente en un país donde el transporte sigue dependiendo mayoritariamente de combustibles líquidos.
Paradójicamente, la generación eléctrica paraguaya continúa siendo casi totalmente renovable, no obstante, esa abundancia de energía limpia todavía no se traduce en una electrificación acelerada del parque automotor. El transporte continúa liderando el consumo energético nacional, muy por encima del sector residencial y con fuerte presencia del diésel en logística y transporte pesado.
En este contexto, Paraguay aprobó su nueva Política Energética Nacional al 2050 y avanzó en la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde, estableciendo lineamientos para desarrollar una industria basada en recursos renovables.
Si bien el hidrógeno aún se encuentra en etapa estratégica, su potencial aplicación en transporte pesado y flotas de gran escala abre una ventana futura para nuevas cadenas de suministro energético.
En paralelo, el Gobierno actualizó el régimen técnico de combustibles líquidos, incorporando nuevas categorías de octanaje y límites ambientales, además de reforzar la mezcla obligatoria de etanol en naftas menores a 97 octanos.
Asimismo, se modificó la ley de fomento del consumo de alcohol carburante, estableciendo un mínimo del 50% de etanol de caña en determinadas mezclas y promoviendo la incorporación progresiva de vehículos flex fuel en entidades estatales.
Estas medidas consolidan un escenario donde el surtidor tradicional podría evolucionar hacia una oferta multiproducto que combine gasolina, diésel, mezclas con mayor contenido renovable e incluso, en el futuro, hidrógeno.















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