El negocio de las Estaciones de abastecimiento de hidrógeno empieza a dejar atrás la etapa exclusivamente experimental y a convertirse en un segmento de interés para grandes compañías energéticas, tecnológicas e industriales. Un informe proyecta que el mercado mundial de estaciones comerciales de hidrógeno pasará de US$1.100 millones en 2025 a US$2.700 millones en 2035, con un crecimiento anual compuesto del 9,4%.
En ese escenario, una clasificación difundida por Global Hydrogen Ambassador identifica a las 15 empresas con mayor presencia en soluciones vinculadas a estaciones, equipos y servicios de abastecimiento. El listado está encabezado por Linde, seguida por Air Products y Nel, mientras que también aparecen compañías como Cummins, Hexagon, Plug Power, Engie, Ballard, McPhy, Toyota, Siemens, Air Liquide y Vopak.
La relevancia para América Latina está en que la infraestructura será uno de los principales cuellos de botella para transformar al hidrógeno en una alternativa real para el transporte. Una estación no implica solamente instalar un surtidor: requiere producción o suministro del H₂, almacenamiento, compresión, sistemas de dispensación, controles de seguridad y una logística capaz de garantizar disponibilidad. La propia Empresa de Pesquisa Energética de Brasil señala que la infraestructura de abastecimiento todavía es limitada y que serán necesarias inversiones importantes en estaciones, transporte y logística.

Para los empresarios de Estaciones de Servicio, el movimiento resulta especialmente relevante porque el hidrógeno podría abrir un nuevo modelo de negocio en determinados corredores de transporte. La oportunidad no necesariamente pasa por reemplazar los combustibles líquidos en el corto plazo, sino por incorporar infraestructura destinada a segmentos donde la autonomía, los tiempos de carga y el peso de las baterías pueden favorecer a las celdas de combustible, especialmente en camiones, buses y transporte de larga distancia. Brasil, por ejemplo, identifica precisamente al transporte pesado y a las aplicaciones difíciles de electrificar como ámbitos con potencial para esta tecnología.
Brasil ya está avanzando en las condiciones regulatorias para que ese mercado pueda desarrollarse. En agosto de 2026, el Decreto N.º 13.096 reglamentó disposiciones del marco legal del hidrógeno de bajas emisiones y asignó nuevas competencias a la ANP, entre ellas la autorización de producción, la gestión de riesgos y la participación en el sistema brasileño de certificación de hidrógeno.

Chile también busca posicionarse como uno de los polos regionales. La actualización de su Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde 2026-2030 puso entre sus prioridades el fortalecimiento de la demanda interna y la utilización del energético en sectores de difícil electrificación, además de la creación de cadenas locales de proveedores. En septiembre de 2026, Copec se sumó junto con otras empresas a un acuerdo impulsado por Corfo para promover el uso de hidrógeno renovable en actividades industriales.
Colombia, por su parte, ya llevó la tecnología al terreno de la movilidad. Ecopetrol informó que produjo hidrógeno verde con una pureza del 99,99% para un piloto asociado al transporte público de Bogotá. El proyecto cuenta con un electrolizador PEM de 165 kW, una capacidad de producción superior a 23 toneladas anuales y una hidrogenera capaz de abastecer un bus en menos de 10 minutos. La compañía también señaló que previamente operó una hidrogenera en condiciones reales en Cartagena.
El mapa regional, sin embargo, todavía presenta diferencias importantes. Un estudio comparativo sobre seis países latinoamericanos ubicó a Chile, Brasil y Colombia como los mercados con mayor grado de desarrollo de la cadena de hidrógeno verde, mientras que Argentina, Perú y México presentan niveles inferiores de avance. Esto muestra que la disponibilidad de recursos renovables por sí sola no alcanza: la regulación, los proyectos, los incentivos, las aplicaciones y los acuerdos internacionales serán determinantes para atraer capital.





