Planificar las compras, sostener el empleo y mantener las instalaciones requiere conocer cuánto deja cada litro y qué cantidad hace falta vender para cubrir los gastos. Una comparación de largo plazo elaborada por la Cámara de Expendedores de Tucumán permite entender cómo cambió esa cuenta y qué condiciones pueden ayudar a mejorar el resultado de las Estaciones de Servicio.
Sebastián Vargiu, presidente de CAPEGA, compartió con Surtidores un análisis que relacionó los precios, las cantidades comercializadas y los costos de funcionamiento.
“Comparar únicamente los últimos aumentos puede llevar a conclusiones incompletas. La comparación debe hacerse a valores constantes, descontando la inflación, y considerar también los litros vendidos y los costos operativos”, explicó.
El relevamiento tomó la nafta súper como referencia y el mes de diciembre de 2018 como punto de partida. Los registros de cierre de cada año fueron expresados en pesos de septiembre de 2026 para comparar su poder de compra. Bajo ese criterio, el litro de 2018 equivalía a $2.820, frente a los $2.225 del último registro.

La diferencia representa un deterioro real del 21,1 por ciento. Para recuperar aquella referencia, el importe de septiembre debería aumentar un 26,7 por ciento. El trabajo también calculó cómo podría compensarse esa distancia mediante una mayor cantidad de cargas.
Si se mantuviera el mismo margen comercial porcentual sobre el precio de venta, una estación necesitaría despachar un 26,7 por ciento más de litros que en 2018 para obtener el mismo ingreso bruto real por combustibles. Respecto de 2019, el incremento requerido sería del 17,4 por ciento.
“Hablamos, por lo tanto, de un esfuerzo de volumen del orden del 20 al 30 por ciento. Recuperar la rentabilidad exige, además, considerar cómo evolucionaron los costos de cada establecimiento”, señaló el dirigente tucumano.
Ese cálculo ofrece una referencia para planificar, aunque no asegura recuperar la ganancia final. Para determinarla hay que incorporar los gastos y las condiciones comerciales de cada boca.
La serie permite observar los cambios. Luego de los $2.820 de 2018, el valor constante descendió a $2.612 en 2019, $2.344 en 2020 y $2.059 en 2021. En diciembre de 2022 llegó a $1.803, el mínimo del período y un 36,1 por ciento por debajo del punto inicial.
En diciembre de 2023, con el inicio del gobierno de Javier Milei y la devaluación, se recompuso hasta $2.183. Durante 2024 retrocedió a $1.871 y después retomó la recuperación: alcanzó $2.033 en 2025 y $2.225 en septiembre de 2026.
El último registro quedó prácticamente en línea con diciembre de 2023 y cerca de los $2.217 del promedio simple de las nueve observaciones. “Desde esta perspectiva histórica, observamos un equilibrio relativo en el precio. Esa referencia, sin embargo, no alcanza para determinar si una Estación de Servicio tiene una ecuación económica equilibrada”, aclaró.

Para completar la evaluación hay que mirar la demanda. Los datos de la Secretaría de Energía correspondientes a agosto de 2026 mostraron una baja nacional del 2,19 por ciento interanual y siete meses consecutivos de retroceso.
La recuperación del consumo permitiría distribuir los gastos entre más litros. “Los salarios, la energía, el mantenimiento y los demás gastos no disminuyen automáticamente junto con las ventas”, explicó. Por eso, la recomposición del valor del combustible puede convivir con una rentabilidad ajustada si las cargas no acompañan.
Vargiú planteó que los aumentos bruscos tienen límites: cuando los ingresos de los consumidores no siguen las subas, reducen sus compras y absorben parte de la mejora que el operador esperaba obtener por litro.

La baja de los precios tampoco garantiza más movimiento. Entre abril y agosto de 2026 hubo una relativa estabilidad nominal: la referencia de nafta súper de YPF en CABA aumentó apenas un 2,3 por ciento. Esa moderación coincidió con la caída interanual del expendio nacional, aunque ambos indicadores tienen distinto alcance geográfico.
“El consumo también depende de la actividad económica y del poder adquisitivo”, sostuvo. Si los gastos siguen creciendo y la demanda no se recupera, la actualización menor del surtidor comprime el margen operativo.
El dirigente señaló que todavía no ve señales firmes de una recuperación sostenida para lo que resta de 2026 y propuso evaluar conjuntamente precios, volúmenes y costos. También expresó que la proximidad de un año electoral agrega incertidumbre: contener transitoriamente los combustibles para moderar la inflación podría aumentar la presión sobre los operadores si sus erogaciones continúan subiendo.
Para facilitar la planificación, consideró necesario evitar tanto los saltos abruptos como los congelamientos prolongados. “Se considera conveniente que, en el corto y mediano plazo, los precios de los combustibles evolucionen de manera previsible y cercana a la inflación”, concluyó Vargiu.





